5 momentos en los que decir basta

posted by Principesa de Preslav 23 noviembre, 2015 4 Comments

Si algo he aprendido con la experiencia adquirida estos últimos 11 meses es que, aún cuando no tenía ni pajolera idea de cómo se cuidaba un bebé y ya tenía el mío en brazos, tienes derecho a decir basta en cualquier momento.
Sí, sí, en cualquier momento de los siguientes que te listo o de cualquier otro que se me haya pasado poner, tienes derecho a erigirte como madre gallina (de esas que tanto criticas en el parque) y soltar un alto y claro ¡Basta ya!

Parece ser que el hecho de convertirte en madre conlleva que todo ser humano de alrededor con línea de sangre de primer y segundo orden y, por consiguiente, todo aquel relacionado aunque sea vagamente con los miembros anteriormente nombrados, adquieren el derecho a decirte qué debes hacer. Los famosos consejos (a veces camuflados en órdenes) que tanto te crispan los nervios. También actitudes, inherentes al derecho adquirido, que te ponen los pelos de punta y desearías cortar de raíz con un manotazo.

Si estás a punto de convertirte en Hulk, si odias el jaleo de la habitación del hospital, si tu casa está llena de visitas inesperadas… ha llegado el momento de decir basta.

Hace poco escribí una carta abierta a los ancianos del pueblo, pero en realidad es perfectamente aplicable a todo ser humano que hace lo que le da la gana ante la llegada de un bebé.
Vamos, sin más dilación, a listar los 5 momentos en los que decir basta y escudarte en que eres madre para hacerlo.

1.- El momento de las visitas en el hospital

Después del parto y el trauma del mismo, me recuerdo en una nebulosa total de la que no era capaz de salir.

Me habían hablado de las visitas en el hospital y de que debíamos gestionarlas. ¿Cómo? es como querer parar un tsunami con las manos. Una vez ha salido el bebé, se activa el protocolo de línea de sangre directa e indirecta para con él y la gente consigue el pasaporte para hacer lo que le salga del cheto.

Hubo quien ya estaba en el hospital antes incluso de que nos hubieran pasado a planta. Hubo quien se plantó en mi habitación minutos después de que los celadores me dejaran en el cuarto y hubiéramos pasado el bebé a su nido para que durmiera.
Yo también necesitaba dormir, pero estaba tan pasada de vueltas que era imposible y ya llevaba 36 horas sin dormir.

Curiosamente, había un cartel en la habitación en el que ponía que sólo estaba permitido 2 personas por paciente ingresado, pero ¿quién se cree ese cartel para parar al séquito de visitas?

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En algún momento de las visitas la habitación era como el camarote de los hermanos Marx y no exagero ni una pizca.
Tengo un recuerdo infame de esos 2 días en el hospital y uno de los motivos era el agobio de las visitas, de la gente cacareando, de las órdenes y consejos que volaban por el viento, de indirectas y directas y de actitudes. Yo tenía tal ida de olla que lo veía todo desde el ostracismo.

Pero una cosa os digo, si se da la casualidad de tener otro bebé y se abre la veda de las visitas, no pienso dejar que las cosas sean como fueron esta ocasión.

2.- El momento de los consejeros

¿No os ha pasado que os llega a dar consejo hasta el último pichichi que coincide contigo subiendo con el carro en un ascensor? ¿Por qué? ¿Qué le pasa a la gente con la incontinencia verbal cuando se ve delante de un bebé recién nacido plácidamente dormido en su carro?

¿Sabéis qué consejeros de bebés? ODIAMOS LOS SPOILERS. Si no vais a decirnos algo realmente útil lejos de las cosas lógicas que como personas coherentes que somos ya sabemos, os podéis ahorrar cualquier otra incontinencia que queráis compartir con nosotros.

A veces llega un momento en el que si escuchas un ya verás más podrías explotar.

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Poniéndome en la piel de una madre cabreada, podría llegar a ser tan pérfida de pensar que los señores de más se setenta años que se me acercan para darme consejos de cuando ellos fueron padres (allá por el medievo), seguramente pasaban en moto de sus hijos y dejaban todo en manos de sus esposas. Así que ahora no vengan a redimirse con nosotros.

3.- El momento de los críticos

¿No habéis pensando alguna vez que sería cojonudo ser crítico de cine? A ver, sería genial el 99% de las veces hasta que te tocara ir a ver una película de animales que hablan o cualquiera de Almodóvar. Pero el resto, cine gratis y después a dar palos a todo el mundo. A veces, hasta me atrevería a decir que no hace falta ni haber visto la película para hacer una crítica desgarradora (pero esto ya es atrevimiento mío eh)

Lo mismo con los críticos de comida o de videojuegos. A estos últimos los envidio bastante más que a cualquier otro crítico que haya por ahí.
¿Y qué críticos odio más? pues los que se te plantan en casa o te cortan el paso en los paseos familiares para decirte cosas como “Qué sucia tienes la casa, ¿no?” o “¿Creo que el bebé tiene frío/calor/sed/hambre/mocos/tos/escarlatina?”. Estos son, sin duda, los peores críticos que existen.

Definitivamente es un aspecto que ya existía antes de ser madre, porque criticones hemos sido toda nuestra vida. Pero es que ahora duele mucho más.

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Ilustración de Mammasutra

Así que te plantas en mi casa sin avisar porque tienes pase VIP 24/7 para ver a la niña cuando te sale del cheto, no prestas ningún tipo de ayuda aún a sabiendas de que estamos desbordados y encima, encima, ENCIMA, te atreves a decir que tengo la casa hecha un desastre (pues espérate a abrir la puerta del baño pequeño que usamos de vertedero)
Hay una solución al desamparo que sienten las visitas al ver que la casa está hecha un desastre y es no hacerlas sufrir por más tiempo y entregarles el mocho, como bien explica Mammasutra en la ilustración. ¡Que no sea por no hacer feliz a las visitas!

Hay algo que le aconsejaron a mi Consorte antes de que se convirtiera en padre: “No hay nada mejor que te puedan llevar las visitas que comida en tappers” ¡Una gran verdad!

4.- Las madres gallina alardeando

Todavía no hemos hecho mucha vida común en el parque porque no somos muy sociales en ese sentido. Debe ser algo generalizado porque es la única forma en la que me explico como una madre que hace un segundo estaba diciéndole a su hijo que hay que compartir, te tiene 30 minutos esperando para cederte el único columpio que hay para bebés pequeños.

El caso es que es el parque y otros sitios de este tipo (sala de espera del pediatra, viaje en metro con el carro…) es donde coincides con otros padres y madres y tienes que asistir al alarde.

El alarde: es esa retahíla de apelativos y calificativos superlativos que una madre suelta indiscriminadamente por la boca para hablarte de su hijo/a/s

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Ilustración de La Quiles

Alguna vez que he ido al zoo o los parques naturales que tenemos por aquí por el norte, me he imaginado a los animales esperando la hora del cierre para quitarse el disfraz de animal y echarse un piti mientras comentan con sus congéneres cómo ha ido el día.
Bueno pues con estas madres gallina me pasa lo mismo, me las imagino volviendo a sus casa y mirando a sus hijos fijamente para cagarse en ellos porque ni son tan listos, ni son tan obedientes, ni son tan guapos, ni duermen tanto.

¿Pero sabéis qué madres gallina? yo tengo un argumento que puede hundiros dramáticamente y consta de 12 palabras desbastadoras que os harán temblar de envidia. ¿Queréis oírlas?

” Mi bebé duerme toda la noche desde el primer mes y medio “

Dices eso en una charla de alarde y puedes dar media vuelta Like a Boss.

5.- Cualquiera que no vea la maternidad como la ves tú

De esto llevo hablando largo y tendido desde que tengo el blog. Puedo llegar a ser tremendamente tolerante hablando con una persona con la que no comparta absolutamente ninguna ideología. De hecho, me encantan lso debates que surgen alrededor de la religión, la política, la maternidad, el cine… lo que sea donde no comparta opinión con mi pareja de conversación. Podría pasarme horas.

¿Pero sabéis con lo que no puedo? con la gente que ante la adversidad en la opinión, te lanza sentencias. Sentencias, sí, del tipo: “¿Cómo que no eres cristiano? pues es la única forma de ser feliz“… obviamente no me ha pasado esto en la vida, por eso me cuesta tanto pensar que hablando de la maternidad o, más concretamente de mí propia maternidad, tenga que venir alguien a decir que “las cosas HAY que hacerlas así”

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Ilustración de Montt

Repito como he repetido hasta la saciedad que lo que debería primar es la libertad con la que cada uno decidimos cómo educar y criar a nuestros hijos. Que si yo en su momento decidí no darle pecho no fue porque soy una vaga que no quiere depender constantemente de sus tetas y de la demanda de su bebé. Que si decidí que durmiera sola en su habitación desde la primera semana no fue porque quería desatenderla y ponerla en peligro. Que si no la he llevado a la guardería no ha sido porque me dedico a la vida contemplativa y puedo cuidar de ella 24/7.

Sabéis que este es un tema que me escama y podéis encontrar en el blog varios posts al respecto, así que definitivamente este sería el motivo estrella por el que diría ya basta.

Conclusión

La conclusión que saco después de hablaros de todo esto es bastante sencilla. Los padres primerizos pecamos de eso, de primerizos, pero la tontería nos dura bien poco si espabilamos rápido. A mí me costó darme cuenta de algunas cosas más que de otras, pero una vez me asenté en esto de la maternidad y supe qué quería y cómo lo quería, me dio exactamente igual cualquier comentario que fuera en contra (salvo los consejos constructivos, que a veces los hay)

Cuando he tenido dudas respecto a algunas cosas he sabido a quién preguntar y casualmente, nunca ha sido a alguien de la calle a quien acabo de conocer o con quien comparto espacio en el metro.

He asumido que he tenido que dejar ciertos aspectos de mi vida que antes llevaba al día (como la limpieza) porque las 24 horas del día no me dan para todo. Mientras estemos a gusto en nuestra casa y que la porquería no nos sepulte el bebé, puedo vivir con ello.

Seguramente, cuando mi hija empiece a querer ir al parque y trate con otros niños, me dará lugar a tratar con otros padres y acabaré escribiendo posts sobre lo que opino de algunos de ellos y las tonterías que me comentan (o quizá no)

A lo que voy es a que de la experiencia se aprende (una cosa que no habréis oído jamás) y que ya me he graduado en estos 5 temas y otros más. Tanto, que puedo afirmar:

  1. A mí no me vuelven a pillar en el mismo hospital en caso de volver a tener que parir.
  2. Las visitas se harán ordenadamente y cuando me toquen el kegel, todo cristo será expulsado a la voz de ya.
  3. Cualquier mano, sea arrugada por la edad o tersa por las cremas, que vaya a tocar a mi hija y no sea de primer orden sanguíneo, será abofeteada ligeramente.
  4. Usaré las 12 palabras mágicas para acallar a cualquiera que pretenda restregarme con mala leche la extrema felicidad familiar en la que vive.
  5. Haré el mismo caso de las críticas que el caso que hago de las críticas de cine a la hora de elegir una película por la que pagar 8€
  6. Respetaré cualquier comentario sobre maternidad que no comparta hasta que me falten al respeto

Y alguna cosa más que me dejo en el tintero seguro…

 

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4 Comments

Antonio 25 noviembre, 2015 at 6:57 pm

Ole!!
Me encanta cómo dices las cosas. Se puede decir más alto O EN MAYÚSCULAS, pero no más claro.
Estamos hartos de que toquen a nuestros hijos, de consejos tan ridículos y obvios como banales, y por supuesto, de las madres de los pequeños satanases que presumen de sus hijos.
Ahora bien, siento envidia de tus 12 palabras. Llevo sin dormir ni 5 horas seguidas tanto que ni me acuerdo…

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Principesa de Preslav 25 noviembre, 2015 at 7:16 pm

Hola Antonio!
Gracias por tu comentario, me alegro de que te gusten mis posts.
Al final, mi única arma son esas 12 palabras porque no puedo convertirme en Hulk constantemente.
Aunque durmamos relativamente bien, estamos destroy así que no me imagino lo que tiene que ser sin dormir.
Un besote!

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Twitteraenfurecida 1 abril, 2016 at 12:14 pm

Una pena que no te apliques el cuento acosando en Twitter a una recién parida

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Principesa de Preslav 1 abril, 2016 at 2:58 pm

Hola lalala!
Gracias por pasarte a saludar y así engrosar el número de visitantes del blog, que es lo que quería.
Decirte que me debes confundir con otra porque yo nunca he acosado a ninguna recién parida ni ningún otro tipo de madre y mucho menos a bebés. Si miras bien, verás que eso no ha pasado.
Así que saludos y no dejes de volver a visitarme otro día.

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