Top
Cosas de ser madre archivos | Página 2 de 16 | Principesa de Preslav
fade
2
archive,paged,category,category-ser-madre,category-2,paged-2,category-paged-2,eltd-core-1.1.1,flow child-child-ver-1.0.0,flow-ver-1.3.6,,eltd-smooth-page-transitions,ajax,eltd-blog-installed,page-template-blog-standard,eltd-header-type2,eltd-sticky-header-on-scroll-up,eltd-default-mobile-header,eltd-sticky-up-mobile-header,eltd-dropdown-default,wpb-js-composer js-comp-ver-5.0.1,vc_responsive

Entiendo a los que quieren vacaciones sin niños

Hablo de vacaciones sin niños. No hablo de odiar a los niños y sí de comprender que siendo niños, hay situaciones varias en las que no te queda otra que asumir que debes aguantar su comportamiento porque: SON NIÑOS. No pasa lo mismo con los adultos, a los que les puedes recriminar su comportamiento, por eso, porque son adultos.

El otro día se quejaba Antonio Rossi (periodista del corazón acostumbrado a gritar con sus compañeros por ver a quién se le oye más) que debería haber vuelos sin niños. No es de esto de lo que os hablo. Aunque ante este comentario decir que seguramente sea más complicado encontrar vuelos o transporte público o privado con adultos civilizados.

He estado de vacaciones en un pueblo de Tarragona y en un hotel Kid Friendly (sin saberlo, he de decir), dónde el 95% de las familias alojadas tenían niños. Evidentemente yo he ido con la mía propia (2 años y medio), pero puedo decir que creo sinceramente que salvo un par de salpicones de agua y arena, NADIE HA TENIDO QUE AGUANTAR SUS “COSAS” (o puede que sí)

El momento de esconder la edad

¿Cuál es vuestra edad?

Imaginad que estáis en un centro comercial un día lluvioso de verano (que aquí pasa mucho, pero ese es otro cantar) y ante vosotros surge la encrucijada de meter a la niña en dos parques de bolas diferentes:

  1. El de para críos de hasta 3 años con piscina de bolas, algunos objetos de gomaespuma y muy pocos metros cuadrados dónde lo que más abundan son los críos que acaban de aprender a andar y alguno de 2 años.
  2. El de a partir de 3 años que parece una de esas jaulas de plástico para hamsters o las pruebas de Indiana Jones y la última cruzada.

Vosotros sabéis perfectamente la edad de vuestra hija.

Reflexión sobre el primer año escolar

Os lo he dicho alguna otra vez, aquí los niños/as empiezan al colegio con 2 años en la clase de infantil. Al igual que comenté cómo me sentía cuando empezó el colegio, os voy a hacer una pequeña reflexión sobre el primer año escolar.
Cuando mi hija empezó a clase tenía un año y nueve meses, es de diciembre, y era la criatura más pequeña de todo el colegio. Eso, añadido a que no tenía muchas otras referencias de personas coetáneas (porque no tiene primos ni hermanos), os podéis hacer una idea de cómo fueron sus primeros meses en clase.

Para ella fue complicado y para mí, que no tengo fama de sensiblera, fue una pesadilla.

El momento en el que el final de curso conlleva regalos

Estamos con los últimos coletazos antes de que termine el curso y eso se traduce en una palabra: regalos. Y me pregunto, ¿por qué? ¿Por qué esa obsesión casi desesperada de los grupos de padres y madres por celebrar el final del curso haciendo regalos a los y las maestros de sus vástagos?

Cuando yo era pequeña (A long time ago in a galaxy far far away) y se acercaba el final del curso, teníamos clases de manualidades dónde le hacíamos un detalle a la maestra. A ver, poniéndome en la piel de dicha maestra, me preguntaría qué coño hacer con treinta “objetos” hechos de papel, cartón y purpurina. Todos sabemos dónde terminaban la mayoría, sino todos, de ellos.

Quizá se me esté yendo la olla, pero estoy totalmente en contra de los regalos al personal docente al finalizar el curso.

Madrefuckers II: educando con un mando a distancia

Antes que nada me gustaría decir que el otro día me comporté como una madrefucker y vengo aquí a confesarme para redimirme y poder empezar de nuevo. Si no sabéis qué es una madrefucker, en este post de aquí lo explicaba. Para los que ya estabais al día del asunto, aquí mi confesión:

El otro día estaba tan cansada que deseé que terminaran las vacaciones de Semana Santa para que volviera el colegio.

¡Ya lo he dicho!

La sensación me duró un par de días. Durante esos días, coincidió una larga racha de berrinches por parte de la cría (totalmente justificados si tenemos en cuenta el cambio de rutina y alguna crisis de crecimiento y mocos y tos y malestar general), dormir como el culo (porque no conseguía conciliar el sueño), cabreo y alguna otra cosa más que me tenía completamente agotada.

¿Te gusta nuestro Instagram? ¡Pues vente!