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Cómo me vendieron la lactancia y lo que me encontré

En su momento, escribí un par de posts sobre las sectas que me había ido encontrado a lo largo del embarazo. Hablé de cómo tanto en las clases de preparación al parto de Osakidetza (aka la Seguridad Social) y en las clases a las que fui a un centro de fisioterapia, parecía que la única manera que había para alimentar a nuestros futuros bebés era mediante la lactancia materna. Recuerdo como me cabreaba la insistencia con la que se nos quería inculcar esta opción y de la desinformación y la “criminalización” que se profesaba en contra de una lactancia artificial.
Hace poco leí un post en El Club de las Malas Madres, sobre como la televisión nos había mantenido engañadas y el ejemplo era muy gráfico: nos cambiaron a la tía Vivian en el Príncipe de Bel Air y nos hicieron creer que allí no había pasado nada. Pues con la lactancia y las premisas que se dan en las clases a la preparación pasa exactamente lo mismo, nos lo venden como si todas las mujeres fuéramos iguales y todos los bebés fueran a reaccionar igual de alegres a una teta, pero… ¿Qué pasa cuándo todo eso no funciona?

La primera gran mentira que nos cuentan en estas clases es el aspecto con el que se va a parir: nos pusieron un vídeo muy bonito de un feliz matrimonio heterosexual que iba sin prisa al hospital para que ella diera a luz. Una mujer joven, maquilladísima, bien peinada, súper elegante… debe ser que en los hospitales noruegos no te ponen esa bata de paciente en la que se te ve el culo o que sus mujeres, tal cual se muestran felices y llenas de energía dando pecho, no sienten las contracciones porque el frío las aletarga. Es como en las películas en las que pare una mujer, que parece que todas han asistido a estas clases porque ninguna pide la epidural, como si en USA se haya extendido la moda de los partos naturales. Eso es tan mentira como lo anterior y, como siempre, dependerá de cada mujer y cada situación.

Vamos con la siguiente gran mentira, la que más me ha marcado a mí: La lactancia materna es la ostia. Hasta ahora no he sido capaz de escribir sobre el parto. Lo tengo en tareas pendientes y probablemente me sirva de terapia cuando me anime a ello (además, no quiero asustar a quienes están esperando ese momento), sin embargo, hoy me he animado a hablar de los momentos siguientes al nacimiento de mi hija y de cómo me vendieron la lactancia antes y después del parto.

Antes del nacimiento

En mi caso particular, tuve la “desgracia” de toparme con una profesora naturalista y déspota, que se tomaba las clases de preparación al parto del centro de fisioterapia en el que trabajaba, como una escuela de aleccionamiento a sus creencias. Para ella no había más opciones: ella está por la labor de un parto natural y es para lo que nos preparaba, ella es pro-teta y es para lo que nos preparaba… lo más sangrante de todo es que pagaba por ir.
He de decir que las clases  me venían bien porque hacíamos diferentes ejercicios y porque también me servía de terapia charlar con mis cuatro compañeras de las sensaciones del embarazo, las dolencias de cada una, las expectativas, etc.
Sin embargo, como comentaba, la profesora era una nazi, pero para desmontarla, sólo tengo que hacer uso de sus propias palabras: “Cuando yo me quede embarazada, cambiaré de ginecóloga porque no concibo que me lleve el embarazo una mujer que no ha sido madre” decía. Y como ella bien afirmaba, ¿por qué iba a fiarme de lo que trataba de inculcarme si ella no había sido madre todavía?

De mientras, en las clases de la sanidad pública, nuestra matrona nos explicaba cosas más útiles como: cuándo acudir al hospital cuando estemos de parto, respiraciones de relajación, cómo empujar llegado el momento, la hidratación durante el trabajo de parto… y, llegado el momento, la lactancia. Aquí es cuando tuve que desconectar por los mismos motivos que di en el post de las sectas: si estás en unas clases donde te tienen que preparar para el nacimiento de tu bebé y cualquier pregunta relacionada con una corriente contraria a la matrona provoca revuelo, entonces mejor espero a que llegue el momento y veo como afrontarlo.

Recuerdo como en todas partes nos hablaban de lo importante que es el contacto piel con piel con el bebé. Eso iba a marcar la relación entre la madre y el bebé, crearía un vínculo irrompible, necesario de cara al resto del proceso y que se asemeja a la edulcorada imprimación que describía la autora de Crepúsculo.
Mis padres, los padres de mi pareja, yo misma… sabía que en nuestro caso, esto de la piel con piel no se había dado. Antaño dabas a luz, te dejaban un par de horas con él para el primer contacto con el pecho y se los llevaban a los nidos donde las matronas los cuidaban hasta la siguiente toma.
Una madre naturalista o un especialista naturalista me diría eso de “ahora se ha demostrado que el piel con piel favorece la lactancia y por eso se practica” y yo le respondería, “perfecto, ¿y qué pasa cuando el piel con piel favorece el histerismo del bebé hasta el punto de rechazar el pecho?”. Vuelvo a la teoría primordial de todo esto, las cosas no son cortadas por el mismo patrón para todas las mujeres y sus bebés y, siendo así, alguien debería de indicar alternativas a lo largo de las interminables horas que dedicamos a la preparación.

Después del nacimiento

Como ya he comentado anteriormente, del parto en sí no voy a hablar, pero sí de lo que ocurrió inmediatamente después (aunque puede que para comprender el comportamiento del bebé, debería explicar algún detalle del expulsivo)
Resumiendo, después de mucho esfuerzo me pusieron a mi hija en mis brazos y estuvo exactamente 3 minutos de reloj piel con piel porque la pobre se hizo caca. Nadie me creyó cuando lo dije, pero comprobaron que era cierto y me la cogieron para limpiarla. Después detectaron un problema de saturación y se la llevaron para una prueba y cuando por fin me la volvieron a traer, intentaron ponérmela al pecho. No lo cogió y no se le dio importancia.

Antes de seguir, decir que después de consultar con un miembro de la famosa liga de la leche, me aseguraron que un bebé debe tardar en cogerse al pecho después de haber nacido porque hasta el momento en el que se le corta el cordón ha estado comiendo.

Cuando ya estás recuperándote en planta (en mi caso no podía ni ponerme el pie por el esfuerzo y las complicaciones) las enfermeras que pululan por allí te advierten de que la alimentación debe ser a demanda. Bien, perfecto. Ya lo tenía asumido y estaba preparada para dar el pecho a mi hija cada vez que lo pidiera pero… ¿qué pasa si tu bebé es de los que duerme como un tronco? pues que hay que despertarlo para que coma. Perfecto también, la despierto cada 3 horas (como se me dijo) y la alimento. ¡Pues no! porque tampoco se cogía del pecho.

¿Qué hacer entonces?

Intentamos recurrir a las enfermeras de planta, pero era Navidad y por colapso de la planta de maternidad, estábamos en una de ingresos comunes, por lo que la mayoría de enfermeras eran de esas planta y no de maternidad. Conseguir que alguna nos dedicara un minuto para plantearles nuestro problema era un milagro y las horas pasaban sin que mi bebé (al que le estaba dando todo mi amor poniéndolo piel con piel, llenándolo de besitos y arrumacos) comiera.
Por fin una enfermera se nos para y me ayuda con la postura y el agarre del bebé. Se engancha al pezón y come con una avidez comparable a la que un adulto tiene cuando llega de fiesta a casa y se quiere comer todas las sobras de la nevera. ¡Bien, parece que ya mama!

Pues no. La siguiente vez que demandó mamar, no había forma de colocarla de nuevo al pecho. Se estresaba, gritaba, se revolvía y adquiría un color de cangrejo hervido que daba miedo. Llegados a ese punto, preferíamos tranquilizarla y hacer caso a la primera enfermera que nos atendió: “nos buscáis y os ayudamos de nuevo”… ¡Imposible! no había manera de conseguir un mínimo (y con un mínimo me refiero a medio minuto) de ayuda, ni en el turno de día y mucho menos en el de noche, donde llegaron a bufarnos de mala manera.

A todo esto informar de que por mucho que les indicábamos de que el bebé no se alimentaba del pecho, no hubo nadie que nos hablara de los suplementos mediante jeringa para que, al menos, el bebé comiera.

Con la visita del pediatra al día siguiente y el consiguiente pesado, se descubrió que había perdido peso. No había que ser facultativo para adivinar eso cuando de todas las veces que pidió mamar, sólo dos veces conseguimos que lo hiciera sin desquiciarse. Se nos recuerda que debemos hacerlo a demanda y le comunico a la pediatra que a mi hija le está costando cogerse al pecho. Me habla de las famosas jeringas (sin embargo, nos la dejan sobre la mesa y no nos enseñan a dársela… otro drama porque no sabíamos que ayudaba ponerle el dedo en el paladar)

Habíamos vuelto a casa y seguido todas las indicaciones de las enfermeras, de la matrona en las clases de preparación al parto y de la fisio en las otras clases; y mi bebé seguía sin coger bien el pecho y pasando más hambre que el perro de un mendigo.
Piel con piel, que venía a ser disgusto tras disgusto. La cría se revolvía, me pegaba manotazos en la cara que me dejaban tan impactada que no conseguía reunir fuerzas para obligarla a todo aquello. Ni siquiera sabía si era lo correcto o no porque nada de aquello me recordaba a las sonrisas de las noruegas del vídeo o las mujeres bien peinadas que aseguraban que dar de mamar a sus bebés era lo más. Para mí no lo era, era un drama y no por mí, sino porque mi hija se convertía en un mini Hulk desconsolado y frágil que no obtenía lo que quería, que era comer.

La matrona de la liga de la leche

Seguro que habéis escuchado algo sobre este grupo. Sino es así, aquí tenéis el link a su web

Gracias a haber ido al centro de fisioterapia que os menciono durante el post, tenía contacto con la matrona de la liga de la leche que atiene en Bizkaia (el precio hora es de 60€). Pensamos que si con una consulta de esta mujer podíamos solucionar el problema de la mala alimentación que estaba teniendo el bebé, bien valía pagar 120€ o los que fuera.
La cría tenía 5 días y acudimos a la consulta llenos de esperanza al haber oído hablar tan bien de la Liga de la leche. Debo asegurar, que la mujer que nos atendió era una mujer maravillosa, llena de paciencia y que nos trató fenomenal.

Después de explicarle el parto y nuestro proceder hasta entonces, nos pusimos manos a la obra: piel con piel y tratar de darle de mamar. Es entonces cuando mi hija se vuelve a convertir en Hulk, empieza a atizarme y manteniendo la calma, trato de hacer lo que la matrona me indicaba. Al no tranquilizarse, es ella la que la coge y trata de ponerla al pecho, sin éxito.
En resumen: después de 2 horas de consulta, la mujer nos comunica que no ha visto nada parecido y que en vez de cobrarnos 2 horas nos cobra 1. Bien, perfecto, una mujer experimentada como ella no puede ayudarnos y es una profesional reconociéndolo, sin embargo antes de irnos nos dice: “No os rindáis al biberón. Sácate leche y seguid dándole con la jeringa hasta que consigáis que se enganche al pecho”

Eso ya me desmoralizó y me cabreó muchísimo. Es decir, que una profesional de este ámbito, reconocida matrona de la famosa Liga de la leche, ante una situación nueva para ella, en la que reconoce que el bebé no se está alimentando bien y que hay un verdadero problema en que mame, te diga “No os rindáis al biberón” me pareció casi un insulto. Me recordó a esa “obligatoriedad” de dar pecho que se inculcaba en las clases de preparación al parto, pero sobre todo, me pareció una irresponsabilidad anteponer la lactancia materna a una correcta alimentación de un bebé de 5 días que llevaba 4 mal comiendo.

Aún así, no caímos en las redes del biberón, y seguimos dándole en jeringa tanto mi leche como la artificial.

La enfermera de pediatría del ambulatorio

Recibí otro halo de esperanza cuando me llamó la enfermera de pediatría del ambulatorio para preguntarme qué tal iba todo y al ponerla al corriente de la situación, invitarme a pasarme a verla en su rato de descanso para probar de nuevo y ver si ella daba con la solución a nuestro problema.

Recuerdo que el problema era seguir insistiendo en darle pecho y alimentarla con una jeringa mientras tanto

Una vez en la consulta, repetimos el mismo proceso y la enfermera descubrió que los pezones se ablandaban en la boca del bebé y por lo tanto perdía el agarre. ¡Bien! parecía que avanzábamos y había solución: ¡pezoneras! (no de esas con borlas de las titis de los casinos de Las Vegas)
Compro unas pezoneras de látex, vuelvo a la consulta de la enfermera y probamos con ellas. Parece que funciona, aunque la cría sigue revolviéndose como una culebra y llora más que mama. Aún así, me obligo a aguantar un poco más en pos de una lactancia materna y esperar a que pase el fin de semana para ver qué tal nos va.

Y no nos fue bien, evidentemente.

Después de comprar el sacaleches Medela Swing (150€), un par de pezoneras (9€), una consulta con la matrona de la Liga de la Leche (60€) y un par de masajes con la osteopata del centro de fisioterapia que dejó a la niña relajadísima aunque sin mamar (85€)… tuve una mastitis que me subió la fiebre a 40º, al no poder llevar el ritmo de sacarme leche cada hora para llenar biberones que darle a mi bebé (no me salía mucha leche debido a que no mamaba como es debido) y nos rendimos al biberón.

¿Y sabéis qué?

Esa fue la primera gran decisión que tomé después de haberme convertido en madre. Me olvidé de todo lo que me habían querido inculcar, de frases llenas de intención y carentes de ayuda que me invitaban a no sucumbir a satán (aka el biberón). Decidí entre alimentar vagamente y mal a mi bebé o darle el alimento que ella necesitaba, aunque fuera artificial. Me olvidé de los prejuicios que esta decisión acarrearía (y quien diga que no existen dichos prejuicios miente) y compré un biberón para mi hija.

Desde entonces se ha alimentado correctamente, ha ido cogiendo peso y generando unos molletes que están para comérselos y no ha vuelto a estar histérica ni hambrienta hasta el límite de ponerse roja como un cangrejo hervido.

Resumiendo que es gerundio

Pediría, casi rogaría, que se tuviera más cuidado en lo que se intenta inculcar en los centros sanitarios en las clases de preparación al parto. Pediría transparencia y un porcentaje de realidad y no una corriente personal que, como la religión, cada uno es libre de seguir o no. Si en un centro privado se promueve la lactancia materna y el parto natural, adelante, pero no en un centro sanitario público donde en vez de mirar por el bien de madres y bebés, se aboga por las creencias personales.

Y ya para terminar, que sabiendo lo que cuesta dormir en estos primeros meses/años de nuestros bebés, seguramente nadie ha llegado aquí; un resumen de algunas de las frases que he escuchado a lo largo de estos 4 meses y que se me han quedado grabadas:

  • Si decides dar leche artificial a tu bebé, estás criando un bebé enfermizo – fisioterapeuta
  • No os rindáis al biberón – matrona de la liga de la leche
  • La leche materna es el “patrón oro” para los primeros meses de vida, pero son muchas las madres e hijos que son “víctimas de la lactancia materna mal entendida”. Son presionadas para amamantar aunque tengan hipogalactia, grietas en el pezón, etc. Incluso les plantean dilemas morales para su reincorporación a la vida laboral. Es una falta de respeto y tienen que soportar el calificativo de “malas madres” a aquellas que optan por la Lactancia Artificial – pediatra
  • “Ese es un caso muy distinto del de “no doy pecho porque no quiero”. Una cosa es querer y otra poder” – usuario de FB en pleno debate sobre la lactancia donde discriminaba a una mujer en base a si ha decidido por propia voluntad o por necesidad.

Y aquí, el link al post que escribí sobre el biberón yihadista.

¡Gracias a quienes hayáis conseguido leer hasta aquí!

  8Comentarios

  1. maria   •  

    magnifico post. me pasó casi lo mismo que a ti, a diferencia que la mia se agarraba y comia pero sangre en vez de leche y yo lloraba de dolor por mis pezones. tambien vino una matrona a casa, tambien me compre un sacaleches y tambien a la semana me pasé al biberon y empezé a disfrutar de la maternidad. y ojo si tuviera otro lo volveria a intentar!

    • Principesa de Preslav   •     Autor

      Gracias!
      Opino igual que tu, si tuviera otro, lo volvería a intentar porque en mi caso creo que influyó mucho el parto traumático que tuve y la incapacidad de las enfermeras con las que me encontré. Saludos y gracias por leerme.

  2. maternidadcarab   •  

    Ya siento todo por lo q pasaste… Como te dije, a mi me costó lo mío también. Mi parto no fue traumático, pero me desaparecieron los pezones y no había manera, no tenía dónde engancharse y eso q tengo buen pecho!! En el hospi no me ayudaron casi nada, la matrona por suerte si, y sobre todo la familia. Gracias a mi hermana lo conseguí! Eso si, el primer dia en casa se llevó biberones, no la iba a dejar sin comer. Yo me encontré con gente que no me animaba a intentarlo, y eso también j**** Cada mamá que haga lo q pueda o quiera, una mamá feliz lo transmitirá al bebé, eso es lo importante. Lo mismo pasa con los chupetes… Mi cuñada me avisó y tiene razón… Nada de leer revistas de mechas en las portadas, la maternidad es dura y esa no es la realidad. Ánimo y enhorabuena x decidir lo mejor para tu niña!

    • Principesa de Preslav   •     Autor

      Tal y como dices, cada uno tiene que elegir libremente sin que le influya una corriente u otra. Creo que cuando nos convertimos en madres nos j**** todo aquello que nos molesta que nos digan (sea para ayudar o no) ¿sabes? no sé si es cosa de hormonas o del cansancio, pero a mí me crispaba los nervios que todo el mundo quisiera opinar.
      Nosotros con el chupete lo mismo… lo usa desde el día 1 porque lloraba desconsolada (por hambre) y con el chupete se calmaba. Es el mejor invento por mucho que después me vaya a costar quitárselo cuando crezca.
      Gracias por leerme y comentar el post! un beso!

  3. Matt   •  

    Cada caso es un mundo. Yo tengo tres hijos, los dos mayores se agarraron al pecho y mamaron estupendamente desde el minuto 1. La tercera nada. Yo flipaba cuando vi que no hacía ni el menor intento de mamar y si la insistía gritaba como loca. No sabía que eso pudiera pasar. Consejo de la matrona: déjala pasar hambre y acabará agarrando. Ni de palo. Aguanté un día. Después me saqué la leche y con bibe (pasando del rollo de la jeringa). Y así seguimos con 4 meses y medio. Saco los dos pechos a la vez en diez minutos y se lo doy en bibe. Es más engorroso pero soportable. Si no me hubiera funcionado lo del sacaleches pues a leche artificial. Tampoco hay que amargarse la vida cuando hay alternativas.
    Con el siguiente hijo vuelve a intentarlo porque como ves por mi caso, cada hijo es distinto, igual funciona, y si no, no pasa nada!.
    Besos

    • Principesa de Preslav   •     Autor

      Gracias por tus palabras! Es que si ya en la vida cotidiana cada persona es un mundo, di hablamos de bebés ya ni te cuento.
      Si tuviera otro bebé, lo volvería a intentar.
      Un saludo y gracias por pasarte!

  4. Conxi   •  

    Yo tengo dos hijos, Gabriel de siete y Ángela de cinco. Mis lactancias han sido un fracaso, con los dos acabé en mixta un par de meses por aquello de… Con el mayor fue un periplo parecido al que cuentas, un parto que me dejó para tirarme a la basura y un niño que dormía como una marmota y con un bajo tono muscular (del que me enteré a posteriori) y yo pezones planos. En fin, que te voy a contar que ya no sepas, bueno sí, en mi caso el saca-leches (eléctrico tb) me sacaba menos de 10ml, vamos, no llegaba a la primera ralla.
    Con ella fue un poco mejor, el parto fue una maravilla y mi recuperación tb, ella se enganchaba muy bien y la tenía pegada en la teta todo el día, pero claro, no cagaba, dejaba el pañal limpio. No cogía ni un gramo…
    Que sepas que tienes una fiel seguidora a partir de ahora, me ha gustado mucho tu blog.

    • Principesa de Preslav   •     Autor

      Hola!
      Muchas gracias por tus palabras y por pasarte a escribir.
      Me alegro de que te guste el blog.
      Cuando conozco mujeres a las que les ha pasado lo mismo me prece que dejo de preocuparme por la decisión que tomamos. Como comentas, las dudas surgen por el que dirán… Lo cual ya dice mucho de la discriminacion que hay entorno a este tema.
      Un beso fuerte!

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