El momento de aceptar la maternidad

posted by Principesa de Preslav 4 enero, 2016 4 Comments

Esta es la cuarta vez que empiezo el momento de aceptar la maternidad y creo que por fin he encontrado la inspiración necesaria para escribir lo que pienso al respecto de mi maternidad. La primera vez que empecé, pensé que podía hacer un alegato personal sobre la maternidad en si, pero si algo he aprendido a lo largo de estos primeros 12 meses siendo madre, es que cada uno y cada una lo vive como le viene, como le dejan, como lo quiere.

Así que este, sí que sí, es por fin mi opinión personal e intransferible sobre la maternidad.

Básicamente todo se resumen a:

El momento de aceptar la maternidad

12-meses-de-maternidad-firmada

Parece absurdo, pero ha sido algo contra lo que he estado luchando muchos meses hasta que al final me ha dado por comprender que no se puede hacer nada más que asimilar la maternidad tal cual viene, con sus inconvenientes, con sus alegrías, con sus tristezas, con sus agonías, con su sueño, con sus dolores, con sus iras, con sus sonrisas, con sus peleas, con su arrogancia, con su crudeza… con tantas cosas, que me pasaría otros doce meses listándolas.

En vez de eso, voy a mencionar algunas de las peculiaridades de la maternidad empezando por lo que ocurre en el momento inmediatamente posterior a haber dado a luz. Por supuesto, ya me habréis leído sobre el parto en cuestión y el post parto también. También he escrito sobre la norma con la que algunos creen que se debe llevar a cabo la maternidad, de la crudeza la misma y sobre los 5 aspectos en los que creo necesario decir basta. Sin embargo, me faltaba comentar un asunto y es el siguiente:

La nueva jerarquía

Lo primero que hay que asimilar y esto creo que será así en el 99,99% de los casos, es que la jerarquía ha cambiado. ¿Y a qué jerarquía me refiero? pues a la que existía entre tu familia, amigos, conocidos, vecinos, resto de la humanidad y tú.

Puedes haber sido la chica popular del instituto con la que todos querían salir, la hija divertida, la prima a la que recurren todos para ir de conciertos, la primera persona a la que llamaba tu hermana cuando le pasaba algo, la nieta favorita de los abuelos… también puedes no haber sido ninguna de estas cosas, pero a no ser que seas creacionistas, una cosa estaba clara: el mundo giraba alrededor del sol y su satélite es la Luna (que parece que hoy en día no se estudia esto, leches)
Pues esto era antes. Lo de la Tierra y el Sol quiero decir. Lo otro, puede que lo sigas manteniendo si es que en tu trabajo actual se elije a la Reina del baile cada año.

Después de la maternidad, en las raras ocasiones en las que la familia cumpla con tu expresa petición de llamarte a una hora concreta para no coincidir con siestas o sueños del bebé; las primeras palabras que saldrán por la boca de tu interlocutor será: “¿Qué tal el bebé?”
Es así de crudo y es la verdad. Si ya de por si te jode la vida (porque esto es así) escuchar el tono del teléfono, porque ningún momento es bueno para que te llamen ya que siempre estás ocupada o tienes el nivel de estado de excepción establecido. El hecho de responder con un “Hola” y que a cambio recibas un “¿Y el bebé?” te va a terminar por pasar a Def con Dos y pedir un AK47 en Amazon.

Si asumes que ahora mismo, aunque estés tirada en la cama después de un parto largo y duro, con el cuerpo escombro, con unas bragas elásticas enormes, con un descontrol mental de caballo, con dolores en partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenías y con miedo a estornudar para que no se te caigan los órganos por el kegel; la mayor preocupación de todos va a ser interesarse por el bebé, ya tienes mucho camino avanzado en esto de asumir la maternidad.

El momento de aceptar la maternidad

Una vez nacen tus hijos el concepto que teníamos del sistema solar cambia. No es que antes fueras el sol y todo girara a tu alrededor. Digamos que más bien eras Marte, con el resto de planetas animosos como tú, con tus satélites visitándote o llamándote para quedar. Con alguna que otra expedición de la NASA por encontrarte agua o alguna duna donde posar sus naves y construir un lugar a donde la humanidad deberá migrar cuando acabe con los recursos de la Tierra.

Una vez nacen tus hijos ellos sí se convierten en el nuevo sol. Ellos convierten el sistema solar heliocentrísta en un sistema bebecentrista. Todo gira entorno a ellos y sabes que, en cierto modo, tiene sentido porque un bebé trae alegría, pero por otro lado piensas, ¿y qué pasa conmigo?

Pues te voy a decir lo que pasa contigo: te conviertes en el nuevo Plutón. Los planetas siguen orbitando alegremente alrededor del nuevo Sol, tu pierdes hasta la condición de planeta porque alguien

ha decidido que ya no tienes ni forma de planeta. Y tal cual lo pierdes tú, lo pierde tu consorte, que flipa tanto como tú del poco caso que le hacen.

Los tiempos han cambiado

Y vaya si han cambiado. El tiempo ya no es lo que era. Crees que se debe a algún cambio horario (que por cierto, te cagas en él tanto en Marzo como en Octubre), que se decidió en alguna reunión que te perdiste porque no te llegó el email de aviso.

El tiempo se ha convertido en tan relativo que cuando el bebé se duerme una hora parece que sólo han pasado cinco minutos porque no te ha dado tiempo a hacer absolutamente nada. Que cuando eres tú el que se duerme pasa igual o más rápido todavía. Pero que cuando se trata de esperar a que el bebé se duerma, pasa lento, pesado, como si cada segundo resonara en tu cabeza.

Echando la vista atrás, a los primeros tres meses de vida de mi hija, donde hacía turnos con mi consorte para darle el biberón por la noche cada tres horas. Me he dado cuenta de que me leí una docena de libros sólo levantándome para darle de comer al bebé y sentándome en la hamaca a esperar a que se durmiera. A veces estaba ya tan pasada de rosca, que me seguía leyendo el kindle aunque se hubiera dormido.

Quizá también fuera porque los libros de Karen Rose y de Christina Lauren me tenían enganchada por aquel entonces.

Este asunto de la relatividad del tiempo me costó mucho asimilarlo. De verdad que sí, pero no por el hecho de no tener la paciencia suficiente para dedicarle a mi hija el tiempo que necesitaba para comer, bañarla, dormirla o jugar con ella; sino por lo que suponía estar en una rutina marcada por el bebé y que está relacionado con el siguiente punto.

La ausencia de tiempo libre

Esto es bastante egoísta, pero no me creo que la mayoría de los padres no lo haya pensado al menos una vez. Echo de menos tener tiempo para mí. Y soy tan egoísta que no me bastaría con un par de horas de asueto, no. Querría una semana entera donde tuviera tiempo hasta para aburrirme de no saber qué hacer.

Yo antes podía pasarme horas jugando a un videojuego. Yo antes podía pasarme horas viendo mi serie favorita de turno tirada en el sofá. Yo antes podía pasarme de las doce del mediodía en la cama y dormir cuántas horas quisiera. Yo antes me tomaba el desayuno mientras leía el libro que me tenía enganchada. Yo antes podía ir al cine cuantos días quisiera (si mi economía me lo permitía) al año a ver las películas de estreno.

Yo ya no puedo hacer eso y no sé cuándo podré volver a hacerlo.

Sí, la familia te regala momentos de libertad para disfrutar sola o con consorte. Puedes ir al cine (tres veces hemos ido este año), a cenar (un par de veces también), a algún partido de baloncesto (dos desde que empezó la temporada), con las amigas, de compras… pero sigue sin ser suficiente.

Adiós a ver los estrenos en el cine y hola a verlos dos años después en la tele. Prepárate para que otros te digan lo flipante que es la última temporada de Juego de Tronos mientras encuentras el momento para empezar a verla tú. ¿Esa partida que tenías pendiente en el Call of Duty? probablemente caducará si fuera posible que caducara. El Steam está desactualizado, tienes una consola para la que ya no hacen ni videojuegos… eres friki, pero no por lo que te cultivas actualmente, sino por lo que cultivaste en el pasado.

El otro día, de comida con los compañeros de trabajo, comentaba una gran verdad con alguien que va a ser padre ahora y otro que lo va a ser ahora por segunda vez:

A partir de que nacen los hijos, mientras son pequeños como el mío, todo lo que quieras dedicarte a ti mismo una vez se haya dormido el bebé, es tiempo que te quitarás de dormir

Cuánto mejor, fijaos lo que os digo, cuánto mejor si alguien me hubiera dicho una frase tan real como esta en vez de las soberanas gilipolleces que nos decían en las clases de preparación al parto a lo Marta Stuart.

La conclusión

Me he dado cuenta de que a lo largo de estos doce meses he sufrido trastornos varios tales como: pasar del llanto a la risa en un nano segundo, no saber en qué hora vivo la mayor parte del tiempo, despertarme un día para ir a trabajar y ser domingo, volver a olvidarme del aniversario con mi consorte (aunque esto no se lo puedo achacar a la maternidad porque en nueve años nos hemos olvidado la mitad), tener la misma ira que los titanes en Furia de Titanes, estar más cansada que cuando empalmaba tres noches de fiesta, mucho calor, mucho frío, dormir como un tronco, no dormir absolutamente nada… podría estarme así doce meses más.

También me he dado cuenta de que ha sido uno de mis años más productivos en cuanto a tener ideas. Os digo también que la mayoría de esas ideas se me fueron tal cual llegaron porque he tenido memoria volátil hasta hace seis meses. Por eso me compré una libreta sólo para apuntar cosas para el blog, para dibujar, de las que escribir…
Con esta productividad nació también el blog, donde empecé con recelo, con miedo a contar cosas que ofenderían a alguien como ya pasó con el post de foro en femenino o como yo lo sigo llamando forochifladas. Después me di cuenta que, en realidad, no estaba contando nada que no me hubiera pasado a mí o a alguien de mi entorno (ya sabéis, tengo una amiga que…) así que le perdí el miedo.

Había leído en alguna parte eso de que “cuando te conviertes en madre te vuelves más protectora” y sí, te vuelves más protectora, pero sobre todo te vuelves majareta perdida durante unas cuantas semanas y una vez has superado eso, eres más susceptible. Lo eres. No te enfades al leerlo, pero lo eres. Si no te gusta la palabra susceptible la puedes cambiar por exigente.
Lo que antes te parecía correcto y asumías que podía pasar puede que ahora tengas paciencia para soportarlo o descubras que no te gusta. Creo que es porque tienes tan poco tiempo a tu disposición que no estás dispuestos a escuchar consejos que no has pedido, a soportar actitudes que no te gusta o a perder el tiempo con algo que no te aporte absolutamente nada.

Faltaban, y con esto acabo, un par de semanas para que mi hija cumpliera su primer año y estaba yo pensando en todo lo acontecido este año. Fue entonces cuando me di cuenta de que, efectivamente, había asumido que he quedado relegada a un segundo término y que mi agenda ya no la marco yo, ni mi jefe, ni mi madre… me la marca mi hija. Si ella duerme, yo podré organizarme esos minutos de sueño para hacer o bien lo que quiera o bien lo que deba.
Será durante su sueño nocturno cuando deba decidir si quiero dormir o disfrutar un poco de la vida (de mi vida individual, que también sigue existiendo)
Que me apetece escribir, que me apetece dibujar, que me apetece tirarme a ver una película o una serie… ¡quieta parada! quizá no puedas y debes asumirlo. Y lo asumes y cuando lo haces, te quedas en paz contigo misma.

Estoy segura y ya lo dije en alguna parte, que el día en que mi hija nació fue el día en el que llevé a cabo mi proeza personal más grande. Esa proeza que comenzó con mi consorte y que crece día a día sana y feliz. Que no me deja jugar al Call of Duty, pero oye, ya habrá otro cuando ella tenga edad suficiente para yo poder volver a mis cosillas. Seguramente cuando llegue esa época echaré en falta esta.

¡Gracias por estos primeros 12 meses!

PD: justo acabo de leer este artículo y me parece conveniente compartirlo.

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4 Comments

El Papá Cavernícola 5 enero, 2016 at 12:19 pm

Esta es una entrada top.
La verdad es que me identifico totalmente con esa frase y también la he dicho y/o pensado alguna vez, por suerte siempre he sido un Cavernícola de dormir poco y ahora que el Pequeño Cavernícola se acuesta pronto aprovechó para hacer tantas cosas como pueda.
Respecto a lo de la memoria también deberían avisarlo porque a mí se me va todo, tengo hasta notas de audio para entradas del blog y cuando me acuerdo de escucharlas no se para que las he grabado… De hecho ayer mismo estaba comprando y llamé a la Mamá Moderna para preguntarle si compraba una lechuga y, tras decirme que si, me fui a casa sin lechuga…

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Principesa de Preslav 5 enero, 2016 at 3:00 pm

Gracias Cavernicola!!
De verdad que tuve memoria volátil durante la leche de días. Qué frustrante. Aún me pasa eh. Se me ocurre algo brillante haciendo pis y buff se evapora!
Besos!

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Erik 5 enero, 2016 at 4:11 pm

Mola mucho el Post!!! Zorionak!!!

Lo de la memoria volatil no me va a afectar ya que nunca he tenido memoria!

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Principesa de Preslav 5 enero, 2016 at 4:37 pm

Kaixo Erik! A mí ya se me ha pasado lo de la memoria. No sé si nos conocemos de algo, pero Urte Berri On!
: )

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