El momento de empezar la guardería y enfermar

posted by Principesa de Preslav 13 octubre, 2015 4 Comments

Mi bebé actualmente tiene nueve meses y hasta la fecha había permanecido al cuidado de su abuelo materno cuando tuvimos que volver al trabajo después de la raquítica y absurda baja por maternidad, situación que se agravaba más aún teniendo en cuenta que soy empresaria autónoma (lo que vilmente se denomina “emprendedor” y que causa furor sólo entre los políticos. Este es otro tema)

Después de 6 meses de cuidados por parte del abuelo nos pareciera un abuso y con la intención de liberarle un poco de la carga y que tuviera tiempo para disfrutar de su jubilación, decidimos hacer frente a la odisea que supone reunir toda la documentación pertinente (todo relatado en un futuro post) para poder matricular a la niña en la guardería.
Teníamos la absurda idea de que le vendría bien empezar a relacionarse con seres de su tamaño, que jugaría, que aprendería cosillas nuevas y que, en definitiva, estaría bien. Nos autoconvencimos de que era lo mejor a pesar de que nos habían dicho que cogería todos los bichos posibles y pasaría de no haber estado enferma nunca a estarlo siempre.

“Le vendrá bien” nos repetíamos antes del verano, mientras contábamos los meses que quedaban para la temida semana de adaptación.

Iba a empezar en octubre, un mes después que la mayoría, porque en Septiembre estaría al cuidado de su abuela materna, que cogía vacaciones y quería disfrutar de la niña esas cuatro semanas.

Siendo de diciembre, de muy finales, nos parecía que el tema de la edad iba a ser su mayor problema. Es una niña afable, muy alegre, que siempre interactúa con todo el mundo y que no tiene miedo de que la cojan otros porque se acostumbra rápido a los desconocidos, pero llevarse mes y medio con el siguiente más pequeño, sobre todo en estas edades, se nota.
Por suerte en su clase iban a estar los nacidos entre septiembre y diciembre, así que pensaba que no vería grandes diferencias entre los bebés de clase y la mía.

La-guarderia

El primer día

Con todo el mundo mentalizado para el inicio de la semana de adaptación, nos cogíamos un par de días de trabajar por las tardes/noches y allá que fuimos con la niña y su bolsa llena de pañales, toallitas, chupete, crema para el culo, ropa de recambio, mantita… (el ajuar para la guardería)

El resultado: ¡Un infierno!

Os hablo de una niña que se pasa más tiempo riendo y de quien descubrí que no la había visto llorar hasta ese día. Nos sentamos en el suelo, la dejamos a cierta distancia, mientras el resto de niños la miraban como las vacas miran al tren y de repente, se cayó para atrás. Fue tocar la cabeza el suelo y estallar en un graznido de lloros y llantos que nos dejó ojipláticos. ¡Qué lágrimas! ¿Dónde había tenido ese quejido escondido todo este tiempo? ¡Era inconsolable!

He de añadir, que mi bebé nunca ha sido muy de abrazos. Es más bien arisca (eso lo ha sacado de mí) y siempre te aparta cuando le vas a dar besos. Eso fue así hasta que puso un pie por primera vez en la guardería. Sólo quería abrazos fuertes y besitos mil. Eso que salimos ganando.
Con treinta minutos de terror dibujado en sus ojos, se terminó el primer día de guardería y fue subirla al carro y quedarse frita de lo agotada que estaba.

El segundo día

El segundo día nos dijeron de dejarla en la zona acolchada para no agarrarse el susto máximo al caerse de espaldas y eso hicimos. Pero no contábamos con que a la vez habría otra niña con voz de trueno que se echaría a llorar con la marcha de su madre y contagiaría a la niña. De nuevo llorando y de nuevo, parecía inconsolable.

Probamos otra estrategia: la cogí en brazos y le enseñé toda la clase, miramos por la ventana, miramos las paredes, al resto de niños y nos sentamos de nuevo para ir poco a poco integrándola con los demás.
Se le acercó un niño, se intercambiaron babas y hasta se echó a balbucear, así que parecía que todo iba bien hasta que la niña de voz de trueno volvió a rugir y… ¡vuelta el berrinche!

Pero eso no fue lo peor, lo peor fue que supimos que el niño con el que había intercambiado babas había sido dejado en la guardería enfermo.

Alegato final

[pullquote]Lo que antes era un problema para ti, madre de niño enfermo, se convertirá en un problema para todos los demás.[/pullquote]

Me solidarizo con todos aquellos padres y madres que no tienen más recurso que la guardería para dejar a sus hijos ya que no cuentan con ayuda de nadie más. De verdad que lo hago y me hago cargo de que dejar a los críos con 4 meses en la guardería, debe ser horrible.
Pero me temo que no puedo apoyaros a aquellos que decidís conscientemente dejar a los bebés enfermos en la guardería.

Me hago cargo que si ya de por sí es complicada la conciliación familiar y laboral, lo es más cuando surgen los pequeños contratiempos habituales con los críos: enfermedades, visitas al médico, etc. Sin embargo, esa consciencia a la hora de dejarlos enfermos en la guardería expone al resto de niños y, por consiguiente, a sus progenitores. Lo que antes era un problema para ti se convertirá en un problema para todos los demás, cuando contagie al resto.

Mi hija estuvo un día sana después de hora y media, repito HORA Y MEDIA, en la guardería. El sábado por la noche empezó a no poder respirar, a toser, a tener mocos y a llorar desconsoladamente porque le dolía la garganta. Después de pasar la segunda noche en vela cuidando de ella, tuvimos que llevarla a urgencias donde nos dijeron que tenía faringitis. Nada de darle medicamentos si no tenía fiebre y tratar de hidratarla y sacarle los mocos con el sacamocos y suero.
Llegó el tercer día de noche en vela porque después de 9 meses sana, la niña no sabía gestionar el dolor y fluidos de más que tenía. A la mañana siguiente yo también estaba enferma con fiebre, la garganta y mocos.

Seguramente, si no la hubiera contagiado ese niño lo habría hecho una niña que también había sido dejada en la guardería con décimas, así que sería injusto decir que el mono cepa que nos contagió fue ese crío. Lo lógico sería decir que fueron los padres de la criatura los que provocaron con su injusta decisión que mi hija enfermara por primera vez en nueve meses y que yo lo hiciera un par de días después teniendo que dejar mi trabajo unos días.

Así que, desde aquí, un fuerte abrazo y saludo a dichos padres, pero sobre todo, a aquellos otros que sabiendo que sus hijos están enfermos, prefieren dejarlos en casa a su cuidado o buscarse la vida (como hacemos todos desde que somos padres) para conciliar enfermedad y trabajo. No os guardamos rencor, pero cuidado con encontrarnos en el parque… hummm!

Nosotros tenemos la suerte de contar con ayuda y por eso, después de la agonía de estos tres días, mi padre volvió a ofrecerse a cuidar de la niña hasta que empiece el colegio el curso que viene, donde sin duda enfermará y lo pasará mal con la adaptación, pero tendrá casi dos años y tendrá mucha más capacidad para hacer frente a esas enfermedades y nuevas situaciones.

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4 Comments

Los juegos del hambre: elegir colegio - Principesa de Preslav 8 febrero, 2016 at 9:51 am

[…] la friolera de 145€ al mes por dejar a la niña 5 horas al día. Pero después nos pasó esto (leer post) y la desapuntamos. Pero la experiencia quedó ahí, para ponerla en práctica llegado el momento […]

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Cartas a Tang: Odisea 2016 en el colegio - Principesa de Preslav 15 febrero, 2016 at 1:12 pm

[…] nos hayamos inmersos en la época de elegir colegio, como en su día nos ocurrió con La décima cruzada: a la conquista de la guardería. Total, para entrar triunfales y tener que abandonarla decido a una fuerte epidemia que nos h izo […]

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El momento de hablar de minimismos 7 marzo, 2016 at 9:45 am

[…] Cuando matriculamos a la niña en la guardería pública, descubrimos que su tutor sería un chico. Entonces surgieron dudas en la reunión con los padres y sutilmente la gente (madres en su mayoría) le hicieron una serie de preguntas al chico de entre las que destacó una: ¿Eres padre? Lo era, pero la duda que me queda es qué habría pasado en caso contrario. ¿Se habrían quedado preocupadas? ¿Haría que estuviera menos capacitado? […]

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Diario de la escuela I - la adaptación | Principesa de Preslav 19 mayo, 2017 at 9:31 am

[…] diario es más terapia para mí porque tengo el recuerdo del intento de adaptación a la guardería y aquello fue un infierno. La niña tenía 9 meses y la verdad es que un año después ha cambiado […]

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