El momento de esconder la edad

posted by Principesa de Preslav 30 julio, 2017 0 comments

¿Cuál es vuestra edad?

Imaginad que estáis en un centro comercial un día lluvioso de verano (que aquí pasa mucho, pero ese es otro cantar) y ante vosotros surge la encrucijada de meter a la niña en dos parques de bolas diferentes:

  1. El de para críos de hasta 3 años con piscina de bolas, algunos objetos de gomaespuma y muy pocos metros cuadrados dónde lo que más abundan son los críos que acaban de aprender a andar y alguno de 2 años.
  2. El de a partir de 3 años que parece una de esas jaulas de plástico para hamsters o las pruebas de Indiana Jones y la última cruzada.

Vosotros sabéis perfectamente la edad de vuestra hija.

¿Habéis decidido? Os diré lo que decidieron los padres que me encontré el otro día en el centro comercial, de una manera muy sutil. Si su hija tenía 3 años, entonces es que le habían dado pan de lembas o vitaminas o lo mismo que le dieron a Messi para crecer como la que más y aparentar dos años más. En serio, en el corro de alrededor al parque infantil, los adultos cabrones bromeábamos sobre si tendría once años.

Desde mi más absoluta incompetencia para adivinar la edad de las personas, yo le echaba 5 años a la criatura.

Imaginad un sitio dónde abundando los críos que acaban de aprender a andar con una niña tres veces más grandes saltando como Hulk sobre las bolas de colores. Esa era la estampa y por supuesto, trajo problemas.

Los adultos solemos invocar a un adulto con más jerarquía que nosotros para poner orden cuando pasan este tipo de cosas como si no fuéramos capaces de cumplir las normas nosotros mismos. Joder, si hay un cartel que dice que no pueden entrar niños mayores de tres años, quiere decir QUE NO PUEDES METER A UN HIJO MAYOR DE 3 AÑOS.

Esta no será la primera ni la última vez que pase algo semejante y a continuación os pongo un par de ejemplos.

Cuando yo era monitora

Sí, empecé a trabajar de monitora con 17 años cuando fui parte del equipo que controlaba el parque infantil de Navidad de mi pueblo (80.000 habitantes). Era una gran responsabilidad y la primera vez que constaté que tratamos de ocultar nuestra edad desde bien temprano.

Obviamente los niños no mienten, pero sus padres sí.

Había tiovivos, un dragón, autos de choque… lo habitual. Teníamos orden de que no se debían subir a los tiovivos niños mayores de once años. Yo, claro, podía adivinar cuáles los tenían y cuáles no (con ese margen de error con el que hemos jugado todos para seguir usando el carnet de joven en el cine cuando no pedían el DNI). Sin embargo, solía pasar que aparecía un niño o una niña de grandes dimensiones que te aseguraba entre lágrimas que era menor de once años y que debías dejar entrar, porque no le ibas a decir que no podía por su tamaño real.

Otras veces veías claramente cómo la abuela de turno le decía a la criatura que mintiera. A ver, te puedes hacer el loco con críos que sabes no habrá problema por su estatura, pero otros era evidente que solo les faltaba entrar fumando y con un cubata en las manos.
Llegados aquí diré que me parecía absurda la forma de filtrar niños, dolorosa más bien.

Otro año me tocó ser ese adulto de mayor jerarquía al que invocamos cuando surge un conflicto entre padres en un recinto con normas. Como podéis imaginar los padres siempre se creen más listos que una chavala de 18 años que controla una ludoteca en la playa. Durante esa época aprendí a lidiar con ciertas personas y no dejarme tomar por el pito de un sereno, pero me hacía gracia como habiendo un cartel enorme dónde ponía que la ludoteca y su castillo hinchable eran hasta los 6 años (que yo no ponía las normas) pretendían colarme a críos de los últimos cursos de primaria (coño, que algunos estaban a punto de tener bigote)

Luego pasan los accidentes y la culpa es del monitor por haber hecho la vista gorda y no de los padres petardos que insisten en que puedan entrar que no pasa nada. Añado también que, aunque ponía bien claro que los niños debían estar supervisados por SUS PADRES, me los dejaban allí para irse a tomar el sol.

Billetes de transporte y entradas a recintos

Aquí nos gusta a todos hacer trampa.

El transporte público es gratuito hasta los 6 años. Imaginad ese momento en el que el niño cumple los 7 y debemos empezar a sacarle el billete. ¡Ese día nos llevamos las manos a la cabeza! ¿Pagar billete de transporte ahora que acaba de cumplir los 7? ¡pero si es solo por 1 día!

Después ese día se convierten semanas, meses, años… lo que se pueda hasta que nos llamen la atención e indignados intentemos convencer al supervisor que nuestro niño tiene todavía 6 años.

Al revés no puede pasar. A partir de los 65 años, las personas empiezan a pagar una cantidad ridícula por usar el transporte y cuando se acerca esa edad, están todos encantados. Será la primera vez que alguien quiere celebrar que se hace mayor porque con los 65 empiezan todos los descuentos y oye, aún se está en la flor de la vida.

Hay un vacío existencial entre los 26 y los 65 dónde no mereces ningún descuento en la vida

En Port Aventura los pequeños no pagan hasta pasar de los 3 años. Supongo que la niña del parque de bolas no habrá pagado entrada porque sus padres siguen insistiendo que no tiene 5 años (o más). En el cine, hay una criba dónde hasta los 26 pagas reducida. Cuando yo era joven, iba acompañado del carnet de estudiante universitario y ¿quién dice que no puedas serlo con 30 años? Entonces tuvieron que meter la norma de que, seas o no estudiante, el descuento se aplicará hasta los 26 y el DNI no engaña.

¿Y cuándo eres joven y quieres entrar en los bares de mayores o comprar alcohol? Esa también es época en la que cuentas los días para llegar a los 18 y que estés comprando tu vino de mala calidad y tu coca cola para que la cajera te pida el DNI y ¡PAM! ¡Soy mayor de edad!

Volviendo al parque de bolas

Día lluvioso, todo el municipio en el único centro comercial de la zona, todos los que tenemos niños pequeños en el mismo parque de boas y Hulk suelta. Tengo que decir que la niña no tenía maldad ninguna, pero ya solo por su expresión corporal era inevitable que golpeara a otros niños o los asustara.

De repente la niña choca con un crío de menos de dos años dándole un viaje, la madre se indigna y le recrimina al padre de Hulk que está incumpliendo las normas. En una situación normal, él debería asumir que es cierto y pedir perdón, pero todos sabemos que en la jungla de las bolas no puedes recular y mucho menos reconocer que tu hijo ha hecho el mal. Así que el hombre le gritó claramente: “si tu hijo no sabe jugar, sácalo tu de las bolas que mi hija va a seguir jugando ahí”, ¿qué hacer contra esto?

Mi hija ya había decidido abandonar porque no le gustan las aglomeraciones y fue lo mejor, porque empezó una guerra verbal alrededor de un cuadrilátero de pocos metros cuadrados de reproches y desprecios hasta que alguien se rindió. ¿Creéis que fue la madre del niño herido o los padres de la niña mayor de edad para el parque de bolas? ¡Exacto!

 

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