El momento en el que descubres las sectas de la maternidad II: el biberón

posted by Principesa de Preslav 5 enero, 2015 10 Comments

No os dejéis asustar por los medios de comunicación o los políticos, que pretenden meternos el miedo en el cuerpo con noticias que anuncian: subidas de impuestos, nuevos grupos políticos que quieren sembrar la anarquía, la subida del precio de la luz o la desaparición de Sálvame.

Es todo una cortina de humo para esconder el verdadero drama del Siglo XXI, el auténtico yihadista que pretende terminar con la unidad familiar y la confianza de las mujeres, el instrumento que nos retrotraerá al pasado más oscuro donde no tendremos derecho a voto y sólo podremos elegir el delantal que ponernos para cocinar.

Os presento a ese corrupto ser:

EL BIBERÓN

Estaba yo preocupada porque 24 horas después de que naciera mi hija, en el hospital donde estábamos ingresadas (el hospital de Cruces, por qué no decirlo), habían sido incapaces de dedicarnos cinco minutos para intentar conseguir que el bebé cogiera el pecho después de un parto bastante traumático para ella.

En un mundo donde la lactancia materna es algo así como venerar a Dios, resulta que como la criatura no sabía mamar, estuvo avocada a pasar un hambre atroz durante dos días antes de que alguien decidiera darle un biberón con leche artificial.

Estresados y preocupados a partes iguales ante cualquier viso de ayuda por parte del personal, una buena mujer vestida de rosa nos comentó la posibilidad de darle un suplemento vía oral con la ayuda de una jeringa.

Allá donde El biberón es perseguido por las autoridades de todo el mundo al encontrarse en la lista de los más buscados (junto al extinto Bin Laden y Wally), la jeringa era bien vista. Pero… ¿cómo usar esa jeringa? pues es algo que tuvimos que descubrir llamando a nuestras amistades porque tampoco se nos explicó.

Unos días después, nuestra hija seguía alimentándose únicamente de la leche artificial porque seguía sin poder coger el pecho y seguía siendo a través de jeringuilla para no perjudicar que pudiera cogerse al pecho (cosa que hasta entonces no había conseguido por mucho que lo hubiéramos intentado).

Entonces nos dio por informarnos y tratar de solventar el problema (y digo problema, porque en todas partes parecía serlo el hecho de que no mamara):

  1. Pagamos por reunirnos con una mujer, miembro de la Liga de la leche. En palabras de la matrona: “Nunca antes me había pasado algo así” y es que por mucho que lo intentó, no hubo forma de conseguir que la niña mamara del estrés que tenía.
    Antes de irnos nos dijo: “No desistáis, no caigáis en el error de darle biberón”
  2. Tuvimos un encuentro con la enfermera del pediatra, donde con paciencia y mucho amor tratamos de encontrar cuál era el problema: el problema era su boquita y que la fisionomía de su madre no le permitía coger bien el pecho.
    ¿Solución? probar con pezoneras.
    Yo creía que eso era lo que usaban las pilinguis en Las Vegas para menear las mamellas delante de los fans, pero también las hay de silicona para facilitar la lactancia.
  3. Hicimos los deberes en casa, poniendo al pecho a la niña antes de cada toma, con las famosas pezoneras, pero si con esas conseguimos que comiera tranquila más de medio minuto. Y aunque volvimos a la enfermera llena de amor, no hubo manera.

Llegados a este punto, nos parecía marciano que la ultimísima opción fuera comprar un maldito biberón y dárselo para que comiera tranquila y feliz.
Horas de extracción de mi leche para poder dársela con la jeringa, horas de lloros, agobios y peleas para conseguir que la criatura (con dos semanas) consiguiera engancharse por fin a un pezón. Horas preguntándome por qué no era capaz de amamantarla, de darle mi leche (que tan buena y maravillosa me habían dicho que era)

Resulta que para nosotros, satán eran mis pezones vagos y nuestra salvación un santo biberón.

Rebuscando alternativas en la red, tratando de hacer caso a todo aquel que nos decía que no nos rindiéramos al biberón, olvidándome por completo de algo que me dijo una enfermera en el hospital donde me recomendaba ser siempre feliz y no agobiarme con la lactancia materna o artificial; encontramos este artículo:

Suplementar con leche materna extraída u otra

Si leemos detenidamente, llegamos a un apartado donde se informa de las opciones de dar la leche extraída de la madre al bebé, en caso de necesitarlo. Es entonces donde leemos un demoledor extracto sobre el personaje que centra este post:

Tanto OMS como UNICEF desaconsejan su uso general por diversas razones, entre las que destacan el hecho de que el biberón facilita la contaminación bacteriana, da una falsa impresión a los padres de seguridad alimentaria, esantiecológico y puede ser factor de riesgo para diversas enfermedades de los niños (infecciones de las vías respiratorias, morbidad por déficit de atención, caries, estrés, etc.). Todos estos inconvenientes son referidos al uso del biberón en sí mismo, independientemente de su contenido.

Continúa enumerando los males que puede provocar respecto a la bienaventurada lactancia materna:

  • Lactancias breves
  • Síndrome de la confusión del pezón
  • Pérdida de confianza por parte de los padres (esta es mi preferida así que voy a poner la explicación)

Está documentado que muchas familias adquieren una creciente relación de dependencia del biberón y pueden sentir mucho temor a dejar de usarlo. Lamadre, especialmente, puede empezar a padecer ansiedad sobre la cantidad y calidad de su leche y una menor confianza en sí misma y en su capacidad de amamantar.

Llegados a este punto es donde decidimos plantarnos (no sólo por este artículo sino por el cúmulo de cosas que fuimos recopilando tanto de personas como de artículos)

Estoy súper-convencida de que el uso del biberón está recogido como peligro de salud global junto con el consumo de drogas duras y el tabaco. No sólo es un terrorista de la familia y un depredador de mujeres, que avoca a la depresión porque pierde confianza en sus pechos. Es un contaminador, es el mal, es el Saurón de hoy en día.

Así que voy a continuación va mi alegato al respecto de todo este asunto:

Personalmente creo que la lactancia materna es la mejor forma de alimentar a un bebé porque es lo que la Naturaleza nos ha dado (y yo sólo profeso la religión de La Madre Naturaleza), pero creo que la espiral de responsabilidad, obsesión y transmisión de práctica obligatoriedad de llevarla a cabo; termina con los nervios de quienes, como nosotros, vamos a ser incapaces de darle ese gusto a nuestro bebé.

Leer cosas como que la madre pierde confianza con un biberón, es la frase más ridícula que he escuchado en estos días porque no he perdido mayor confianza en mi cuerpo que al no ser capaz de darle al bebé lo que necesita.
Un artilugio de goma y plástico estirilizado no me ha quitado el amor por mi bebé, ni me ha generado ansiedad absoluta, ni me ha hecho desconfiar de mi pareja. Lo único que ha hecho es darme una alternativa a poder seguir dándole mi leche (que me extraigo de mil amores para ella) y alimentarlo bien, cosa que no pude hacer durante sus primeros 2 días de vida y provocó que pasara un hambre atroz.
A raíz de empezar a darle biberones, no sólo no hizo lactancias cortas, sino que empezó a engordar, a estar tranquila y a dormir más horas.

Creo que ya es hora de dejar de volverse locos, de insuflar miedo a las madres que no saben lo que pasa y más viniendo de Ligas de la leche, de asociaciones pro lactancia materna y de facultativos de Hospitales que en vez de abogar por el bien de la madre/bebé, abogan por sus creencias.

PD/ Como vuelva a ver en algún lado que dar el pecho reduce las posibilidades de tener cáncer de pecho disparo a un pelicano.

Ir a la primera parte: sectas de la maternidad.


Artículos relacionados:

Puede que te guste también...

10 Comments

roberto 24 marzo, 2015 at 8:57 am

Pobres pelicanos. Te recomiendo que NO escuches el podcast “lactando”

Reply
Principesa de Preslav 24 marzo, 2015 at 9:03 am

Ahora me has dejado con la incertidumbre. Déjame el link al podcast, plis 😀

Reply
Mercè - Una Mamá Bloguera 12 abril, 2015 at 5:19 pm

Hola!
He ido a parar a esta entrada a raíz de un VDLN jeje
Bueno, el caso es que no hace falta que desesperes… el sentido común es el que debe imperar en estos casos. Con mi hijo mayor no compramos ningún biberón por esto de favorecer la lactancia materna, que no se confundiera con la tetina-pezón, etc… La primera noche en casa fue tan desastrosa y agobiante que mi marido fue volando a la farmacia de guardia a comprar un biberón y leche artificial. Hicimos lo que se dice lactancia mixta. Mi hijo tiene ahora casi cuatro años y se le ve la mar de normal, un poco tímido, pero nada del otro mundo.

En cambio mi hija pequeña cogió bien el pecho a la primera… lactancia exclusiva 6 meses. La misma madre diferentes hijos… Supongo que la experiencia es un grado pero también es cierto que la niña me lo puso más fácil que el niño…

Dándole el biberón a mi hijo no me hizo despegarme de él ni nada por el estilo! Por favor… Y soy de las que defiende la lactancia materna pero con sentido común, por supuesto.

Un abrazo!

Reply
Principesa de Preslav 12 abril, 2015 at 5:34 pm

Mira, yo tenía mis nociones sobre lactancia y maternidad y sobre todo, atendí a lo que me contaban mis amigas madres.

Mi idea era dar pecho, pero dos semanas después mi bebé estaba pasando hambre y yo estaba muy desquiciada. Así que pasamos a biberón.

El caso es la de barbaridades que he escuchado durante el embarazo y después. Esas barbaridades me desquician y muchas veces vienen de mujeres muy intolerantes que se creen mejores madres que otras solo por dar pecho. Y desde que estoy en esto de los blogs, ya me he cruzado con un par de blogueras muy desagradables con este tema.

Reply
Cómo me vendieron la lactancia y lo que me encontré | Principesa de Preslav 27 abril, 2015 at 8:32 am

[…] Y aquí, el link al post que escribí sobre el biberón yihadista. […]

Reply
El momento en el que descubres el co-lecho | Principesa de Preslav 15 junio, 2015 at 11:54 am

[…] Me reconozco una ferviente detractora del mundo naturalista que rodea el embarazo y la posterior maternidad. En estos asuntos, soy bastante radical y huyo instintivamente de todas las sectas y el radicalismo de las cosas. ¡Por normal general! Es decir, entiendo la lactancia materna y como he dicho en anteriores ocasiones, la defiendo ya que es la forma natural de alimentar a un bebé. Sin embargo, no soy una integrista radical de la lactancia materna, sobre todo, después de que la experiencia con me bebé me llevara a tener que recudir al biberón con leche artificial al no quedar más remedio (ver post: El momento en el que descubres las sectas de la maternidad II) […]

Reply
Maria Mtnez 28 septiembre, 2015 at 8:48 pm

He llegado a ti a través de twitter y me siento totalmente reflejada. No te agobies y haz lo que veas mejor para la familia y sobre todo el bebe!!! Solo una cosita. Te han valorado el frenillo del bebé? En mi caso ese era el problema y al contrario que a ti, en vez de mirar cual era el problema por el que no se agarraba, directamente le enchufaron el biberón. Días después de nacer tuvimos que ingresarla por ictericia y ahí si que se molestaron en ayudarnos a prenderla al pecho aunque tuvimos muchas dificultades hasta que descubrimos su problema y la operamos. Hoy tenemos una lactancia feliz.

Pd: pobrecillos pelícanos no la pagues con ellos! 😉

Reply
Principesa de Preslav 28 septiembre, 2015 at 8:53 pm

Hola María, gracias por pasarte y escribir.
Como bien dices, hay que hacer lo que se cree correcto. Le empezamos a dar biberón con dos semanas y hasta hoy nunca ha enfermado y come de todo como cualquier bebé.
Quizá debería contar cómo hicimos y las consecuencias.
Un beso grande y gracias!

Reply
El momento en el que descubres las sectas de la maternidad 20 septiembre, 2017 at 8:57 am

[…] Ir a la segunda parte: el biberón. […]

Reply
El momento en el que descubres el co-lecho 20 septiembre, 2017 at 9:00 am

[…] Me reconozco una ferviente detractora del mundo naturalista que rodea el embarazo y la posterior maternidad. En estos asuntos, soy bastante radical y huyo instintivamente de todas las sectas y el radicalismo de las cosas. ¡Por normal general! Es decir, entiendo la lactancia materna y como he dicho en anteriores ocasiones, la defiendo ya que es la forma natural de alimentar a un bebé. Sin embargo, no soy una integrista radical de la lactancia materna, sobre todo, después de que la experiencia con me bebé me llevara a tener que recudir al biberón con leche artificial al no quedar más remedio (ver post: El momento en el que descubres las sectas de la maternidad II) […]

Reply

Leave a Comment