El momento en el que descubres que no eres un mamífero más

posted by Principesa de Preslav 10 febrero, 2016 17 Comments

¿Qué es un mamífero?

Antes que nada, para que todo el mundo lo tenga claro, si eres un ser humano, lo siento pero eres un mamífero. Esto es un poco como el nacer, que no puedes elegir a quienes van a ser tus padres. Bueno pues tampoco puedes elegir la clase en la que va a estar clasificada tu especie y, en este caso, Linneo lo dejó claro: los seres humanos somos mamíferos. Y la característica más esencial de los mamíferos, es que las hembras poseen glándulas mamarias productoras de leche con las que alimentar a las crías. Punto. ¡Estamos sentenciados!

Para quien no lo sepa, otra de las características (a parte de las tetas, para resumir) es que somos vivíparos, lo que quiere decir que gestamos las crías en nuestro interior después de la fecundación. Sin embargo, no es la única forma de ser padres si eres un humano, porque todos sabemos bien que podemos adoptar. No es lo mismo que parirlos, pero tenemos esa opción.

Dicho esto, empieza mi reflexión.

Nunca pensé que tendría que poner en duda mi condición de mamífera hasta que la semana pasada me recalcaron por activa y por pasiva, que una de las condiciones de las madres es que somos mamíferas y por eso, lo normal, lo natural, es que alimentemos a nuestros hijos dándoles pecho.

Linneo pudo haber catalogado a las especies y sin Internet seguro que le costó un triunfo, pero si por algo nos caracterizamos los seres humanos es por no habernos puesto límites aún estando encasillados en una clase dentro del mundo animal. Desafiamos a la naturaleza constantemente y lo que a veces la naturaleza sentencia (puede que inteligentemente) el ser humano es capaz de solucionarlo. Por eso estamos en lo alto de la cadena alimentaria.
Por eso y porque en un pasado muy remoto, una célula se fue de madre y armó todo este escándalo (dicho de una manera poco científica y hablando de mutaciones, que son la esencia de la evolución de la especie)

El eterno debate de la lactancia

Lo he dicho más arriba y lo repito. La más fuerte de las características de los mamíferos es que las hembras alimentan a sus crías mediante sus mamas. Y este es el argumento más firme con el que las defensoras a ultranza de la lactancia materna defenderán que es lo mejor.

La frase más repetida a lo largo de la semana pasada fue:

La lactancia no es lo mejor. La lactancia es lo NORMAL y lo natural. Porque somos mamíferos.

Yo es que es mentarme la normalidad e instantáneamente me vuelvo en contra. En esto de la lactancia, sin embargo, no soy cuadriculada y sé perfectamente que es lo natural (que no lo normal) y también sé que no hay nada mejor que la leche materna.

También me parece curioso que tenga uno que instar a las altas esferas de la clasificación de las especies para dar validez a un argumento. He de decir, sin embargo, que esto sólo pasa cuando dichas mujeres (y en ocasiones hombres) son abiertamente consideradas lactivistas o mal llamadas talibanas de la teta. Una mujer NORMAL que haya dado pecho a sus hijos, creo firmemente que:

  1. No te preguntará si has dado pecho o no
  2. En caso de preguntarlo y saber tu respuesta, no te recordará que eres un mamífero

Una mutación nos hizo tener dedos oponibles, una mutación llevó a la columna vertebral a enderezarse para ponernos en pie, una mutación nos calentó la sangre. Cuando un antepasado decidió incluir en su dieta alimenticia la carne roja, sin saberlo, hizo que nuestro cerebro empezara a desarrollarse, a crecer, hasta alcanzar un volumen mayor que nos llevó a pensar más que otros animales diferenciándonos de ellos. Y así hasta el infinito.

La naturaleza nos dio tetas sí, pero también nos dio dos riñones y sin embargo, cuando uno o ambos fallan, tenemos mecanismos para conseguir realizar la misma función y no morir.

¿Por qué mis tetas importan tanto?

Estaba yo un día embarazada cuando una mujer, en la cola del supermercado, se me acercó y me preguntó si esperaba niño o niña. Yo pensé: “¿qué coño le importará a esta señora?” y “¿me aplicarán el descuento que tengo en la tarjeta EROSKI?” (NOTA: EROSKI no patrocina este post)

Descubrí que las personas se vuelven locas alrededor de las embarazadas y que es peor aún cuando los bebés ya han nacido. Todo el mundo se siente en la necesidad de opinar y darte consejos que no has pedido y parece que debemos asumirlo.

Había tenido a mi hija y estaba tranquilamente en el metro cuando una mujer me preguntó por la niña. En una de estas fases de la conversación me preguntó si le daba pecho. ¡Ahí está! yo no voy preguntando por ahí a las personas que se sientan a mi lado si están operadas de fimosis, si se toman dos litros de agua diarios o si les gusta o no el fútbol. Entonces, ¿por qué a cualquier mujer con un crío se le puede preguntar si da pecho o no?

El caso es que, harta de haber respondido a la misma pregunta varias veces, le dije que sí. Me puse la capa de mamífera orgullosa y le dije que sí. Y que, encima, lo hacía a demanda (qué coño, tiremos la casa por la ventana, al fin y al cabo, es lo que pensé que haría al dar a luz). Entonces, para mí sorpresa, la señora me soltó una retahíla del copón diciendo que tenía que pasarme al biberón, que era más cómodo, que dar pecho no era salud, que era muy esclavo, que si la abuela fuma, que si esto y lo otro… y la interrumpí. La iterrumpí y le confesé que, en realidad le daba biberón. Y entonces me soltó una retahíla del copón diciéndome que lo mejor era la leche materna, que qué cómodos somos los jóvenes de hoy en día… y entonces le pregunté si ella tenía almorranas. Curiosamente no me respondió y no entiendo por qué, ya que habíamos llegado a intimar mucho en nuestra conversación de 5 minutos.

Que cada uno saque sus conclusiones, pero yo diría que da lo mismo si das pecho o biberón, el caso es que siempre habrá quien quiera emitir un juicio al respecto y eso, en definitiva, es lo que más nos fastidia.

En mi grupo de amigas todas tenemos hijos y no es la primera vez que uso nuestra experiencia para explicar algo: somos 10 mujeres y nuestros hijos han sido criados de maneras muy diferentes. Tenemos una talibana de la teta y una talibana del biberón y entre ellas, son las mejores amigas porque nunca se han metido en el método de crianza de la otra. Las demás han dado pecho, 3 hasta muy tarde, a otra se le cortó la leche (porque pasa amigas, pasa) al mes de dar a luz y creyó que seguía alimentando a su hijo sin ser cierto. Y la otra soy yo, que ya sabéis de qué palo voy.
Nunca, jamás, hemos discutido sobre tetas o biberones así que creo firmemente en un mundo sin ese debate cansino y reticente.

Os voy a contar una historia

Una mujer está sentada en un banco mientras su hijo juega en los columpios y ella lee un libro. A su lado hay dos madres más sentadas hablando de, eso, de cosas de madres (seguro que a todos nos ha pasado). En un momento dado, la incluyen en la conversación al ver que sus hijos juegan juntos y como por arte de magia, terminan preguntándole si le ha dado pecho a su hijo.
Al responder que no, siente que la conversación cambia. Una de ellas le dice ser asesora de lactancia y le habla de las opciones que habría tenido de darle el pecho con éxito a su hijo de haber recurrido a la liga de la leche. Sin embargo, la mujer le dice que no, que la lactancia no era para ella.
En ese momento, siente que la conversación decae hasta extinguirse y ve que ha llegado la hora de llamar a su hijo y volver a casa entre risas y juegos.

Atrás quedan las otras dos madres, en silencio, una deseando que llegue la hora de dormir a los hijos para ver otro capítulo de la serie que le tiene enganchada y la otra escribiendo mentalmente un post sobre la realidad de que, en los tiempos que corren, todavía hay mujeres que dicen que la lactancia materna no es para ellas.

Lo que no sabe esta madre que tiene un blog es que la mujer con la que acaba de conversar había querido ser madre desde bien joven. Había leído un montón de libros sobre lactancia, crianza, apego, alimentación complementaria,… todo lo que caía en sus manos sobre maternidad y crianza, lo devoraba para tener la mayor información posible y saber el tipo de embarazo, parto y madre que quería tener y ser.

Por cosas de la vida, de la naturaleza si nos ponemos místicos y de su genética si nos ponemos científicos, tuvo que retrasar el momento de ser madre y llegada la hora, le costó más de lo necesario quedarse embarazada. Entonces quiso poner en práctica todo lo aprendido y se encontró con un embarazo de alto riesgo que le impediría moverse mucho durante nueve meses.
El parto, que lo había preparado a conciencia, le sorprendió un mes antes y terminó con una cesárea de urgencia que casi le cuesta la vida. Su hijo nació sano, pero nunca mamó de sus pechos.

Y mientras la otra mujer teclea ávida de contar su experiencia en el parque en su blog, no sabe que la madre que acaba de conocer tiene una enfermedad crónica desde la adolescencia, que querer ser madre fue una decisión que tomó en contra de las recomendaciones médicas y que toma una medicación fortísima para conseguir llevar una vida normal.

Es un mamífero con tara, como lo somos muchos otros. Y, cuidado, aunque algunos quieran recalcar que nos hacemos las víctimas por ello, están equivocados, tenemos más que asumido desde el momento en que tomamos la decisión de cambiar la norma, que no nos atormentará el resto de nuestros días.

Por suerte, la misma ciencia que nos ha encasillado en la clase de los mamíferos, es la que ha desarrollado alimentos para que los bebés que no pueden tomar el pecho de sus madres, coman y crezcan sanos (en contra de lo que en su día me dijo una asesora de lactancia).
Y con esto sólo quiero decir, que la misma ciencia que se encarga de demostrar que la lactancia materna es lo natural, hace posible que haya alternativas.

Quizá se abuse de esas alternativas alegando pereza o simplemente porque sí (porque no siempre hay que dar explicaciones) porque da la casualidad de que elegir es otra de las cualidades que tenemos los seres humanos. Elegir entre un amplio abanico de posibilidades.
Yo no me había parado a pensar que era un mamífero (sabiendo que lo era) hasta que me convertí en madre y empecé a escucharlo frecuentemente y siempre relacionado con la lactancia. Prefiero definirme con un ser humano coherente que toma decisiones basadas en la información y que, tratándose de su hija, siempre piensa en lo mejor para ella. Todo lo que los demás puedan decir al respecto de estas decisiones, a partir de hoy me van dar exactamente igual. Se acabó seguir hablando de este tema.

Podría haber pasado al revés

Efectivamente. Podría haber sido una madre feliz, dándole el pecho a su hijo de dos años, sentada en un banco mientras hace tiempo esperando a su pareja. Podrían haberse sentado a su lado dos mujeres que ven con malos ojos dar pecho de forma prolongada al ser “extraño para la vista”. Todos sabemos que bien podría haber sido así porque los seres humanos somos curiosos por naturaleza y algunos, encima, no saben callárselo.

Si todo se reduce a ser mamífero…

Todos somos mamíferos.

Pero si lo natural falla, porque la naturaleza falla, porque no es perfecta y son esas imperfecciones las que nos han traído hasta aquí, tenemos remedios para seguir adelante y lo que deberíamos agradecer es eso, independientemente de que nos hubiera gustado otra cosa.

Soy mucho más que un mamífero y soy mucho más que una madre. Soy una persona, una mujer, que no adquiere puntos extra en la vida por ser madre y que, como mucho, me habría servido para salvar el culo en el hundimiento del Titanic de haber viajado en clase VIP.

Estamos constantemente gritando a los cuatro vientos que no hay que juzgar a las personas por tomar una decisión, que no hay que etiquetar al resto y, sin embargo, escribimos un decálogo para saber si somos madrazas. ¿En serio? Estoy harta de este enmadramiento que nos hace creer que estamos por encima del resto de seres humanos que no son madres. ¡Ya basta!
Solo debería haber una norma: no juzgar a los demás aunque nos reconcoma por dentro su decisión de hacer esto o lo otro. Es simple, aunque impracticable, pero imaginad por un momento que es posible. ¿No sería genial? ¿Creéis que terminaría con la blogosfera? ¿Acabaría con los críticos de cine o de libros? ¿O sólo se debería aplicar a la maternidad?

Yo de mientras me limito a pensar que a nada que seamos personas coherentes, normales (si tanto gusta esa palabra por ahí), dudo mucho que hagamos cualquier cosa de forma egoísta y sin anteponer el bienestar de nuestros hijos. Y siendo así, ¿qué más da si no soy un memífero al uso?

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17 Comments

Opiniones Incorrectas 10 febrero, 2016 at 1:47 pm

No voy a entrar en el debate porque me aburre soberanamente y no da más de sí. Pero te contaré algo: las ratas calvas, en numerosas ocasiones no tienen leche y sus crías mueren. Así que lo de que todas las mamíferas tienen leche… con excepciones 3:)

Conste que a la madre de mi Juanda no le pasó y el animalico está hermosísimo ahahaha

Besos

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Principesa de Preslav 10 febrero, 2016 at 4:48 pm

Hay mamíferos que se comen a sus crías como Jupiter en su día. A esos tampoco les tenemos en cuenta 😛

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@MamaResiliente 10 febrero, 2016 at 11:24 pm

Tocas muchos temas, lo más importante es no juzgar. Yo sí creo que es una cuestión de opciones. Lo primero sería dar el pecho por todos los beneficios que tiene. Pero si no puede ser, pues hay otras opciones.

Si alguien lo hace por comodidad, pues oye, hay quien cocina de bolsa y ya está. Lo ideal es hacer ejercicio y yo por ejemplo no hago. Y tiene sus consecuencias pero las asumo y ya está.

Sí es cierto que habrá que contrarrestar la publicidad que se nos ha hecho llegar y ha puesto tantos mitos malos con la lactancia.

El juicio es lo más molesto. Yo he aprendido que aunque lo gritara a los cuatro vientos no voy a acabar con ellos ni con que me lleguen. El cambio debo hacerlo yo.

Un ejemplo parecido es cuando voy con Ali a cualquier sitio y por su condición babea o respira fuerte y me dicen decenas, no exagero, de veces “la niña tiene mocos”. Yo ya ni contesto. Sueca, no, China.

Oye, lo de preguntar por las almorranas es buena idea… Jajaja

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Principesa de Preslav 11 febrero, 2016 at 10:10 am

Es un post reflexivo para mí misma, la verdad. No espero ni dar lecciones ni que me conteste nadie. Pero tenía que decirlo una vez más porque ya no voy a tratar este tema más.
Gracias por pasarte maja!

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Mamá Resiliente (@MamaResiliente) 11 febrero, 2016 at 3:41 pm

Tengo tu blog en mis favoritos! 😉

Te dejo este post que escribí hace mil. Los juicios a los mocos rizan el rizo.

http://ayudaparaalicia.blogspot.com.es/2015/04/que-es-la-sialorrea.html

Besos guapa!

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Principesa de Preslav 11 febrero, 2016 at 3:50 pm

Leído y comentado.
¡Gracias por tenerme en favoritos! 😀

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Natalia (@mamadedosmasdos) 11 febrero, 2016 at 3:46 pm

Buenas reflexiones. Yo me pasé un embarazo gemelar de riesgo teniendo que cuidarme más de la cuenta que acabó con un ingreso, pérdida de líquido y 11 días en el hospital lejos de mis otros dos hijos. Una de las gemelas con hipoglucemia y apenas 2 kg asi que mi principal preocupación era que comiera. Asi y todo me estrujaron todo lo que quisieron y más para que diera el pecho y no había manera, me miraban mal porque no estaba haciendo lo suficiente. El cansancio y la preocupación no me dejaban disfrutar. Cuando llegué a casa todo cambió, me dí cuenta que lo mejor que podía hacer por mis hijas era trasmitirle tranquilidad asi que dejé de preocuparme (y de estrujarme) y empecé a disfrutar de ellas. Hoy comentaba en otro sitio que somos tremendamente crueles entre nosotras con este tema…he aqui mi reflexión jeje…lo siento por el rollazo 🙁

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Principesa de Preslav 11 febrero, 2016 at 3:50 pm

De rollazo nada, que para eso estamos.
A mí me pasó como a ti, no disfrutaba nada y me pasaba llorando el tiempo que no estaba atendiendo a la niña. Hasta que hice punto y a parte. La maternidad está para disfrutarla y no para amargarse por no poder seguir la norma. Que somos personas. Es bien cierto lo que dices de que somos nosotras mismas las que no lo ponemos difícil, pocas veces te juzgará un hombre por dar pecho o no. Es lo que tiene ser mujer y además, es extrapolable a muchas otras facetas de la vida.
Un besote

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Vicky 16 marzo, 2016 at 3:16 pm

Hola Principesa!! Te he descubierto hace una semana escasa y creo que te quiero.
He leído algunos de tus posts (me parto con la crianza con desapego) y estoy totalmente de acuerdo contigo. Lo importante es dejarse guiar por el sentido común y el respeto, y no poner tantas normas y etiquetas.
Reconozco que son una madre un poco “apegada”, más por necesidad que por convicción. Nuestra lactancia empezó con muchos baches pero me empeñé en seguir adelante, y esto desembocó en un colecho forzoso para no ser un zombie por las mañanas. Ahora hacemos un colecho mixto, en el que la niña (22m) duerme unas horas en su cuna (en nuestra habitación) pero una vez que se despierta ya no quiere volver, así que a la cama con los papis. Es nuestra solución, y punto, tan buena como cualquier otra pero nuestra al fin y al cabo.
Antes de ser madre creía que tenía todas las respuestas del mundo, y me di de bruces con una niña que no esperaba. Hicimos piel con piel desde el minuto cero, pero mi hija es una “desapegada” de manual mientras está despierta. Desde muy bebé quería libertad, y sólo quiere que la coja en brazos cuando está cansada o no alcanza algo. Ahora bien, llegado el momento de dormir no quiere despegarse de otro humano… Me han dicho muchas veces que no es “normal” que aún quiera dormir con nosotros, ni que sea incapaz de dormir del tirón con su edad. ¿Y qué? Yo no quiero una niña normal!! Quiero una niña sana y feliz, y habiendo comprobado que ambos puntos se cumplen me doy por satisfecha.
Es una lástima que haya tantas personas radicales del apego, cualquier extremo es siempre malo… en mi grupo de amigos ha habido problemas (no hemos tenido vuestra suerte) por tener a una miembro radical que ha hecho llorar a otra madre por el hecho de que decidió darle biberón… apeló a los derechos del niño!!!
No dudo que estos grupos surgieron con buena intención, y se pueden aprender cosas muy útiles. Antes de que naciese mi hija no sabía quién era M. Montessori, ni sabía qué era el BLW. Creo que lo mejor es coger un poquito de cada tendencia, aquello que mejor vaya contigo y tu familia, y sobretodo, con el carácter de tu bebé. Porque al fin y al cabo son personas únicas, y no hay un método que funcione para todos.
Pero por desgracia he sido testigo de cómo estos grupos degeneran en linchamientos, y en testamentos del palo de “las cosas se hacen así, y si no las haces así tu hijo tendrá consecuencias”.
En fin, perdona el tostón, es que me ha encantado leerte. Has ganado una fiel seguidora, si no estuvieras tan lejos de Valencia te invitaba a un café.
Un beso

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Vicky 16 marzo, 2016 at 3:18 pm

Cuando digo “una niña que no esperaba”… me refiero a su carácter!!! Me imaginaba un bebé Nenuco como lo fui yo, pero nada, todo lo contrario

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Principesa de Preslav 16 marzo, 2016 at 3:22 pm

Hola Vicky!
Me has alegrado el día, la semana, el mes.
Me alegra que me hayas encontrado y gustarte. No hay nada mejor que eso.

Tiene tela que una madre haga llorar a otra, me da igual el motivo, debería darle vergüenza.

Y si tu haces lo que haces y a tu nena le va bien t está sana y feliz… ¿Qué más se puede pedir?

Espero que sigas visitandome aunque vaya a estar unas semanas sin escribir.
Un besote grande y ojalá podamos tomar café algún. Besos!

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Marta - Mamá d Gemelos 15 junio, 2016 at 5:15 pm

Me chifla como has escrito el post. El resumen de todo y como todos las publicaciones solemos estar de acuerdo, que cada una haga lo que quiere o puede, o al revés, lo que puede y quiere… o quiere y no puede o puede y no quiere… pero no juzguemos a las demás porque no sabemos que hay detrás… esto es extrapolable a todo lo concerniente a la crianza. ASí que limitémonos a vivir y dejar vivir a los demás no?

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Mama bajo la lluvia 15 enero, 2017 at 7:01 pm

Me encanta tu post. En serio, el tema de no juzgar y que cada uno haga lo que considere oportuno sería un mundo ideal.
A mí me han criticado por dar teta, y tb por empezar la lactancia mixta para terminas con biberón. Y me he sentido mala madre por pasar al biberón, pero BB8 era muy comilón y yo no podía descansar y estaba agotada. Y decidimos darle biberón porque como decía mi marido, prefiero una mama descansada a una mama agotada. Además, con mi leche llegó un momento que BB8 no se saciaba.
Cada uno es libre de hacer lo que quiera y no por dar una cosa o la otra el peque va a estar peor.
Simple,ente creo que hay que disfrutar de nuestros hijos. Pero hagas lo que hagas, siempre van a existir “expertos” en niños

Gracias por el post

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Principesa de Preslav 15 enero, 2017 at 7:47 pm

Gracias a ti por leerlo. Lo escribí basándome en mi experiencia y pensando en otras personas que les habria pasado algo semejante.
Un beso fuerte y me alegra que te haya gustado!

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