El momento en el que la maternidad duele

posted by Principesa de Preslav 30 septiembre, 2015 8 Comments

La semana pasada leí un artículo en Verne titulado “El miedo a quejarse de la maternidad” que contaba el relato de una mujer de Arizona después de dar a luz. El testimonio iba acompañado de una fotografía que, a mi modo de ver, describe perfectamente lo que es el postparto.

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Podéis ver el artículo de Verne aquí.

En las clases de preparación al parto lo llamaban puerperio y, aunque se recalcó varias veces que era un periodo complicado donde había que tener mucho cuidado en no caer en una posible depresión, se pasaba muy por encima en comparación con la importancia real que tiene esta fase del postparto.

Esa imagen, esa cara llorosa, mientras sostiene al bebé contra el pecho, es la viva imagen del puerperio y del caos hormonal que azota a las mujeres (puede que no a todas, pero sí a muchas) después de haber dado a luz y sentirse desbordadas por todas las cosas nuevas que está experimentando. A continuación os explico cómo lo viví yo:

[pullquote]Puerperio: Período de tiempo que dura la recuperación completa del aparato reproductor y nivel de hormonas después del parto, que suele durar entre cinco y seis semanas[/pullquote]

Para empezar, intentar hacer creer que todos los puerperios duran lo mismo ya es un error. He leído en webs de ginecología que puede llegar a extenderse dos años y en mi caso particular, físicamente me recuperé en unas 4 semanas, pero mentalmente me llevó unos 6 meses darme cuenta de todo lo que había pasado y aprender a sobrellevarlo.

Pero lo más importante de todo esto es el mensaje, el miedo que produce quejarse abiertamente de la maternidad. Es como si diciéndolo en voz alta la gente fuera a juzgarte y, lo peor de todo, condenarte, por no ser capaz de ser una madre feliz que irradia alegría y sonrisas, que está perfectamente peinada y aseada y que tiene un bebé precioso y rosado entre sus brazos que la hace sentir plena.

Durante años, nos han vendido la maternidad como algo increíblemente maravilloso, que sucede sin casi esfuerzo y que se aprende a sobrellevar con facilidad. Eso es tan mentira como los partos que vemos en las películas americanas donde parece que la epidural nunca es una opción.

Antes de ser madre

Para empezar, para experimentar la maternidad primero tienes que haber conseguido quedarte embarazada. Otro tema tabú que azota todo este proceso es precisamente hablar de concepción, de aborto y de infertilidad. Es difícil saber que en tu grupo de amistades alguna pareja esté intentando tener un bebé por miedo a esa presión de que te pregunten “¿qué tal va el asunto?” (y si se sabe, se suele evitar el tema e incluso sufrir por los amigos que no lo han conseguido, al anunciar un nuevo embarazo)
Me he sorprendido de la mayoría de embarazos del grupo de amigas porque desconocía sus intenciones y yo misma evite hablar de ello hasta que me quedé embarazada.

Por otro lado está el tratar temas tan sensibles como los abortos que puedan darse durante la búsqueda del embarazo. ¿Conocéis a alguien que os lo haya explicado? ¿A alguien que le haya pasado? Es como si diera vergüenza hablar de ello, como si confirmara que estás mal hecho, y pasa más veces de las que nos imaginamos.
Curiosamente, en este tema, se dio el caso de que Mark Zuckerberg anunció el embarazo de su mujer y contó lo difícil que había sido para ellos hacer frente a varios abortos. Fue a raíz de su relato que muchas parejas, mujeres, comenzaron a hablar del tema (como Isasa Weis, por ejemplo)

¿Qué me decís de la infertilidad? seguramente todos conozcamos alguna pareja que sabemos lleva buscando un positivo desde hace tiempo y que la angustia se apodera de ellos entrando a formar parte de ese grupo de personas que quieren tener hijos, pero su fisiología se lo impide. ¿Escucháis relatos de estas personas habitualmente?
Hoy en día podéis saber de ellos gracias a #infertilpandy un grupo de Twitter donde se apoyan mutuamente y se cuentan sus procesos para hacer fuerza juntos y superar las dificultades.

El embarazo y el parto

Para algunos es más sencillo que para otros conseguirlo y una vez es una realidad, sólo falta esperar que todo vaya lo mejor posible. Que no haya complicaciones, que el bebé (o los bebés) se geste correctamente y que pasen las 40 semanas (a ser posible) para que llegue el parto y poder tener a tu hijo entre los brazos.

El embarazo es el primer paso para la maternidad y el parto la antesala. Como ya comenté en un post anterior, se puede dar la situación de tener un parto complicado o no. Puedes tener la suerte de estar en un hospital donde se valore más el respeto a la madre y al bebé que las cifras que la OMS pide para que la tasa de cesáreas sea la deseable.
Sea como sea, después del parto la maternidad es un hecho y, no importa como haya sido el parto, sabrás que la maternidad duele.

La maternidad duele

Sí, la maternidad duele, ¿y por qué?. Pues porque tu cuerpo no es el mismo que afrontaba quedarse embarazada y tener un bebé.

Tu cuerpo ha sufrido un desorden hormonal para hacer posible la gestación del bebé que desemboca en un baile hormonal brutal durante el parto. En un esfuerzo más o menos doloroso para dar a luz al bebé. En una recuperación más o menos dura para volver a ser la persona que fuiste antes de embarcarte en esta aventura. En un esfuerzo constante por hacer frente a los cambios: conocer a tu bebé, sus costumbres, sus gestos, sus rutinas, la falta de sueño, las tomas, la lactancia, el cambio de pañales, los paseos, los llantos, el no dormir cuando lo desearías, el dedicar toda tu energía a tu bebé, el escuchar consejos constantemente, el aguantar visitas no deseadas, el perder la intimidad con tu pareja, el perder tu propia intimidad, el dolor de espalda, la primera regla, el dolor de pecho, la corta baja de paternidad y maternidad, la vuelta al trabajo…

[pullquote align=”right”]Sé que empecé a disfrutar de la maternidad cuando la empecé a ejercer como yo creí conveniente y no cómo me la quisieron vender[/pullquote]

La maternidad duele porque las cosas no tienen porqué salir como te explicaron. Duele porque puede que hubieras decidido darle pecho y no haya funcionado porque el parto fue estresante para tu bebé y no quiera sentirse preso entre tu pecho y tu brazo y llore hasta la extenuación. Duele porque ves que tu bebé pasa hambre y no puedes hacer nada por evitarlo porque el personal a tu alrededor está ocupado intentando inculcarte sus creencias pro lactancia en vez de darle un biberón.
Duele cuando intentas tranquilizar su estrés haciendo uso del famoso piel con piel que te repetían una y mil veces en las clases de preparación al parto; y lo único que consigues con ello es estresarlo todavía más y te pegue y llores y pidas a tu pareja que por favor te lo quite de encima.

Duele porque te viene la primera regla y sangras más que nunca, hasta el límite de preocuparte, mientras tus ovarios bullen y te abrasan. Duele porque te han rajado ahí abajo y todavía sufres cuando te sientas y te pones de pie, algo que haces muchas veces a lo largo del día. Duele más incluso si te han hecho una cesárea. Duelen los pechos des o no lactancia materna y cuando te tomas las pastillas para cortar la leche, duele que no hayas podido alimentar a tu bebé de forma natural.

Y que los demás opinen lo que quieran

Hay un sector maternal, madres que llamó madres gallina, que les encanta fardar de su maternidad. De lo felices que se sienten siendo madres, mujeres que afirman que sentir dolor amamantando a sus hijos les reafirma en el amor que sienten por sus bebés porque para ser madre hay que saber sufrir, mujeres que cuando están con otras madres quieren dejar claro que la maternidad es lo mejor que les ha pasado en la vida y que estarían dispuestas a tatuárselo en la frente para que todo el mundo lo sepa.
No las oirás quejarse de lo poco que duermen sus hijos porque sabían a lo que se enfrentaban y eso es parte de la maternidad. Porque, al parecer, es algo que asumimos todos en el momento en el que quisimos convertirnos en padres.
Esas mujeres llevan la maternidad por bandera y son, aunque de manera involuntaria, las que provocan que el resto no podamos quejarnos libremente de la maternidad.

Yo me he dado cuenta de que antes de ser madre no sabía nada sobre maternidad y que después, todo lo que sé es verdad porque lo he vivido:

Sé que el parto puede ser duro y desconcertante. Sé que hasta que tu bebé no empieza a dejar de tener hambre la angustia desborda por los cuatro costados. Sé que recibir visitas en el hospital es agotador y desquiciante. Sé que las hormonas son incontrolables los primeros meses y que luchas cada día por ser la persona que fuiste. Sé que ya no volveré a ser quien era porque ahora tengo una responsabilidad diaria que me hace afrontar mi vida de otra forma. Sé que mi bebé es precioso. Sé que mi pareja es la mejor. Sé que se sufre mucho cuando no se puede dormir y el dolor de espalda te atenaza el cuerpo. Sé lo mucho que lloré las dos primeras semanas después de dar a luz porque no podía cumplir con todas las cosas que se me dijeron eran importantes cumplir. Sé lo duro que es volver al trabajo 16 semanas después habiendo trabajado desde la semana 8 después del parto. Sé lo complicado que es centrar la mente, intentar ser consecuente, mientras tu cabeza te pide otra cosa. Sé lo que es que te juzguen por no querer hacer lo te recomiendan otros. Sé que empecé a disfrutar de la maternidad cuando le empecé a ejercer como yo creí conveniente y no cómo me la quisieron vender.

Eso lo sé yo y me da igual lo que opinen al respecto si me da por quejarme cuando ya no puedo más.

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8 Comments

Con Ñ de Cariño 21 diciembre, 2015 at 10:58 am

Me encanta cómo lo has contado, no es todo tan de color de rosa hay más tonalidades y eso la gente no lo cuenta Un saludo cariñoso

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Principesa de Preslav 21 diciembre, 2015 at 3:12 pm

Gracias!! Besos!!

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El momento de aceptar la maternidad - Principesa de Preslav 4 enero, 2016 at 7:51 pm

[…] he escrito sobre la norma con la que algunos creen que se debe llevar a cabo la maternidad, de la crudeza la misma y sobre los 5 aspectos en los que creo necesario decir basta. Sin embargo, me faltaba […]

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Verónica de La Opinión de Mamá 26 enero, 2016 at 9:24 pm

Me encanta el post… Yo dos puerperios diferentes, el de alma ( por la adopción ) y el ” normal”… Y sí, a veces es mejor callar porque sino…

Y tema infertilidad, pff… Finalmente, cuando decidimos adoptar, pensábamos que esas mirardas de ” ay, pobrecitos” acabarían, pero qué va…

* Por cierto, en deja un comentario tienes puesto cmoentario 😉

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Principesa de Preslav 26 enero, 2016 at 9:39 pm

Es que la gente es muy maleducada y falta mucho al respeto. ¿Y qué si habéis adoptado? Eso os honra además de tener todo el derecho del mucho.
Un besote!
Y gracias por el aviso!

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Mi Mundo con ellos Tres 6 marzo, 2016 at 8:21 pm

Excelente post! completamente reflejada yenmis dos embarazos, en el primero por ser primeriza, muy, muy joven y no tener las ideas claras, y en el segundo por ser gemelar fueron múltiples problemas, desde mi físico que aún no logro recuperar por culpa de una puñetera diastasis y un montón de kilos de mas, hasta un montón de cambios internos, tener dos para mí fue completamente distinto a mi primer embarazo, la presión a la que te someten con comentarios fuera de lugar y las visitas inoportunas que no ayudaban para nada a normalizar todo esto, ¡en fin! ser madre no es nada fácil, pero traerlos al mundo menos y ese proceso posterior peor.
¡me ha encantado!

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Principesa de Preslav 6 marzo, 2016 at 8:37 pm

Gracias!
Me alegro que alguien se identifique con mi experiencia.
Un beso!

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Mi mamá me mima y me cocina 6 marzo, 2016 at 8:45 pm

Me ha encantado de principio a fin! Me he sentido muy identificada, sobretodo en los sentimientos de la lactancia, pues yo no le he podido dar el pecho todo lo que hubiera querido y duele. Si, definitivamente la maternidad duele. Saludos!!

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