El momento de confesar cómo me siento

posted by Principesa de Preslav 27 septiembre, 2016 8 Comments

La verdad es que no me había hecho una idea de lo que iba a suponer este cambio en la rutina. Egoístamente, ¿me convertiría en una de esas personas que celebra la vuelta al cole para recuperar algo de tiempo libre? Nunca pensé que lo sería y ahora que han pasado las semanas, sé que no soy una de esas personas. Es una de esas cosas que se nos pasan por la cabeza recurrentemente a los progenitores, ¿verdad? ¿cuándo podré tener un poco más de tiempo para mí? Sin embargo, cuando lo tengo, me pasa que echo de menos a mi hija y estoy deseando que vuelva. Con el colegio me pasa lo mismo, pero de manera más traumática.

Siempre he sido muy de quejarme de las cosas, muy de protestar, muy de ir contra la norma… este asunto me lo tomaba de otra forma porque no sabía qué iba a pasar, porque una niña puede ser impredecible.

Siempre escuchas quien te dice que la adaptación es excesiva, que es muy larga, que no está comprobado que funcione y, la frase más memorable:

A nosotros nos soltaban allí de buenas a primeras y no nos fue tan mal

A esa gente, primero decirles que en mi caso, por ejemplo tenía cuatro años cuando empecé al colegio de pre-escolar. Y por otro lado, hay miles de siatuaciones que se daban antaño y que se han dejado en el olvido al encontrar una forma mejor de hacer las cosas. No porque hace años se castigara a los niños de cara a la pared (o cosas peoras) se debe seguir haciendo hoy día y todos conocemos como se ha endurecido el trato abusivo contra los niños por parte de los adultos (e incluso de los profesores, donde a veces tocar está castigado)

Yo soy muy sensible a los cambios y somatizo varias alteraciones cuando estoy nerviosa: dermatitis, caigo enferma, se me cae más el pelo, me muerdo las uñas… llevaba desde finales de agosto con estos síntomas y me agarré resfriado (el primero en 2 años) mi última semana de vacaciones a 5 días de empezar el curso.

La adaptaciones es homeopatía

¿Sabéis qué me dijo una vez un cirujano al que fui a quejarme de un intenso dolor? Que el dolor es subjetivo. Siendo así las cosas, ya le dije que podría darle una patada en los huevos y que siendo el dolor subjetivo, importarme bien poco si le dolía o no.

En cuanto a la homeopatía, no la practico y hasta la critico cuando se aplica sin alternativa y para combatir asuntos serios y graves; ahora si la adaptación es homeopatía entonces me reconozco consumidora de homeopatía y, voy más allá, creo que es absolutamente necesaria para algunos críos.

No entiendo como estamos siempre alertando a los críos de que no deben irse con extraños, como vigilamos que no se queden solos… y después, con matices y siendo muy exagerada, nos parece lo más normal del mundo que llegue el día en el que debemos dejarlos en un lugar con gente que no sólo no conoces tu, sino que no conocen tus hijos. He dicho con matices porque el lugar es un colegio y los desconocidos profesionales, pero… ¿os habéis puesto en el lugar de los críos? 

Es algo que siempre me ha generado curiosidad: ¿qué se les pasa por la cabeza cuando ríen, cuando se enfadan, cuando algo les flipa, cuando lloran? Con más razón estos días, me encantaría colarme en la mente de mi hija y saber qué piensa, de qué tiene miedo, saber si le gusta, si se siente abandonada… porque principalmente, se me pasa por la cabeza pensar que el sentimiento que más le ronda cuando la dejamos allí es que la abandonamos.

Cuando la recogemos sale normal, pero de repente nos ve y se pone a llorar. No sé si es por la tensión, por la emoción o por qué… las profesoras tampoco te dan mucha más información porque, evidentemente, no pueden dedicar a cada una de las 23 familias un par de minutos para contarles qué tal han pasado el día. O quizá si. O quizá en un mundo perfecto no habría 23 niños en una clase de 2 años, o quizá en un mundo perfecto los niños empezarían al colegio con 6 años (como en Finlancia y además, irían solos a clase andando tranquilamente por la calle). No me atrevo a decir mucho más, porque no soy una entendida en este tema, sólo expreso cómo me siento.

No sé la situación de los demás niños, cada uno es un mundo, como lo somos los adultos. Por eso me parece muy osado insinuar que la adaptación no hace falta porque si algo he aprendido estas dos semanas es que mi hija necesita esa adaptación y que sabiendo cómo es y que, como yo, somatiza los cambios de hábito (que nos lo pregunten por las noches), necesita un tiempo que sólo se lo ofrece esa adaptación (y aún es corta)
Me habría encantado que fuera de esos niños que recela uno o dos días y después se siente seguro y aprende a disfrutar de la nueva situación, más que nada, porque se estaría ahorrando todos los disgustos que se está comiendo. Pero, supongo que si fuera ese tipo de niño, no sería como es ella y yo estoy enamorada de mi hija. 

Tengo el consuelo, mientras la dermatitis crece y las uñas menguan, de que ella sigue siendo ella cuando se le pasa el disgusto, sigue riendo, sigue riendo, sigue traviesa, sigue bailando y cantando; sigue siendo feliz, por lo tanto, este cambio no le está traumatizando tanto como me temía. Eso sí, las noches están siendo un drama para llevarla a dormir, es como si pensara que al día siguiente la historia vuelve a empezar. Y es que vuelve a empezar.

Todo pasa, me dijo un amigo, y esto también pasará.

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8 Comments

Accidental Mente 27 septiembre, 2016 at 3:22 pm

Pasará, claro que sí, ánimo con esta etapa 🙂

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Principesa de Preslav 29 septiembre, 2016 at 10:13 am

Pues te diré, ¡que ya ha pasado! y ahora está muy contenta y, por consiguiente, yo también.

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Mahelvamp 27 septiembre, 2016 at 10:38 pm

Con Paula viví dos adaptaciones y una separación.
De bebé, con 5 meses la dejé en la guardería, y en ese momento a quien le dolió, le extraño y quien necesitaba distracción era yo.
Con un año, la cambiamos de guardería y tuvo adaptación, yo al principio no lo entendí, si ya sabía lo que era eso. Pero fue necesario, cambiaba la cuidadora, los compañeros, el entorno y a Paula le costó meses hasta quedarse con absoluta tranquilidad con la cuidadora.
Y finalmente con 3 años comenzó el cole, y otra vez adaptación, esta vez yo ya sabía por que, mi hija lo llevó mejor, y se acostumbro antes a tener más de un profesor y confiar en el entorno.
Ahora con 6 ya es “mayor” o eso dice ella, ha pasado a primaria y aunque sigue siendo la Paula tímida de siempre ya sabe lo que hay, y ir cada día al cole a aprender la motiva mucho.
Así que esta ha sido mi evolución, no ha sido ni difícil ni fácil pero al final todo pasa.
Besos.

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Principesa de Preslav 29 septiembre, 2016 at 10:14 am

Mira, después de tres semanas bastante dura, llegó el día en que tenía toda la jornada (comedor, siesta y tarde) y ese día entró contenta, salió contenta y comió y durmió. Desde entonces va tan feliz. Es una alegría verla así, la verdad.
Gracias por comentar.

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Maria (Miren Casavieja) 27 septiembre, 2016 at 11:17 pm

Te entiendo. Yo me considero muy madrastrona pero aún así el día que dejé a la nana con 9 meses en la guarde pensé que moría 🙁
Con los mayores me costó menos, y eso que les dejé con 5 meses! Pero quizás mi agote por 4 meses intensos de primeriza y de dobles, las ganas que tenía de trabajar… No se, lo llevé mejor.
Pero con mi enana, cuando la dejé allí, que me miraba, se ponía a llorar… Lo pasé muy mal.
Una Profe de la escuela nos dijo en una de las primeras reuniones: pensad que los niños no tienen concepto del tiempo, no saben que vas a volver, ellos sólo te ven marcharte.
Animo! Ya verás que ella va a estar súper feliz! Y tú estarás feliz de verla!

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Enrique 28 septiembre, 2016 at 12:39 am

Coincido contigo. Últimamente leo comentarios de padres —los menos— y no padres —los más— criticando este tipo de medidas con el argumento de que estamos criando una generación de niños blandos, hiper-protegidos y mimados. Efectivamente, antes las cosas se hacían de otra manera y aquí estamos, pero eso no significa que no se puedan hacer mejor.

Como haces tú, a mí también me apasiona e intriga lo que pueda estar pasando por la mente de los más pequeños y, en particular, de mi hija. Claro que saldrá adelante; por supuesto que con el tiempo deja de llorar; pero eso no evita que tenga la sensación permanente de que lo que mi hija siente cuando la dejamos —en nuestro caso— en la escuela infantil en manos de un par de desconocidas es que la estamos abandonando. Y nuestra adaptación vino a durar apenas un par de días porque no se trataba de un colegio ni un centro público, así que el periodo que nos concedieron lo eligieron básicamente sobre la marcha en función de lo que a ellas les pareció oportuno viendo a nuestra hija.

Es imposible saber cómo les afectan estas cosas a nuestros hijos y si tienen alguna implicación a largo plazo. Lo que está claro es que la tendencia en nuestro país va camino de un adelanto progresivo de la edad de escolarización y, con ello, deberíamos esforzarnos por mejorar la humanización del trato a los niños en estas etapas. Estamos «lanzando» a un sistema rígido y lleno de desconocidos a personas diminutas acostumbradas al hogar y a su círculo de personas inmediatamente más cercanas. Si incluso adultos hechos y derechos pasamos un mal rato cuando nos estrenamos en un trabajo o una actividad en grupo, pongámonos un poco en el lugar de unos niños que a duras penas entienden todavía el mundo que les rodea.

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Principesa de Preslav 29 septiembre, 2016 at 10:17 am

Hola Enrique,
No hay cosa que más rabia me de que esos consejos de padres o no padres, como creyendo que todas las personas son iguales. Los niños, como los adultos, tienen cada uno sus cosas. Nosotros cuando vamos a un sitio donde no conocemos a nadie actuamos de forma diferente y ante situaciones nuevas algunos sienten vergüenza, otros miedo, otros se vienen arriba.
A mí me parece muy osado por parte de algunos asegurar “que no vale para nada”. Me lo decía un amigo que ahora no es padre y lo será en breve. Cuando su hija pase por este trance, a ver qué opina.
Muchas gracias por tu comentario y un abrazo.

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Reflexión sobre el primer año escolar | Principesa de Preslav 3 julio, 2017 at 10:35 am

[…] otra vez, aquí los niños/as empiezan al colegio con 2 años en la clase de infantil. Al igual que comenté cómo me sentía cuando empezó el colegio, os voy a hacer una pequeña reflexión sobre el primer año escolar. […]

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