El momento del Pues yo más

posted by Principesa de Preslav 1 septiembre, 2016 8 Comments

Seguramente a todos nos haya pasado necesitar urgentemente que alguien nos escuche. Quizá buscábamos consuelo, quizá consejo o, simplemente, que nos escucharan y nos comprendieran. Es uno de esos momentos donde necesitamos que nuestro interlocutor ponga en marcha su empatía y sepa reconocer lo que necesitamos. ¿Y sabéis lo que NO necesitamos? un “pues yo más” por respuesta.

Aprovecho para hablar de la empatía, ese concepto que se está diluyendo con el paso de los años casi tanto o más que el civismo (que antaño iban de la mano). Quizá haya llegado el momento de abrir un Change.org para pedir que la empatía vuelva.

El otro día estaba yo despotricando de algo (porque no nos engañemos, siempre estoy despotricando de algo) y al verme tan ofuscada, una de mis amigas me dijo “Quizá pienses que eso sea así por maldaz, pero igual la otra persona cree que lo está haciendo bien. Todos defendemos nuestra verdad”. y me dio qué pensar. Es cierto, todos tenemos una opinión sobre las cosas que tratamos de defender y que pensamos que es la verdad, pero creo que, aún siendo eso cierto, hay asuntos en los que sobra el debate y sólo hay que pararse y escuchar.

No hablo de defender si es mejor ser vegano u omnívoro, donde evidente el debate está servido y cada una de las partes creerá que lo que hace es más correcto (tengo un post pendiente sobre los veganos). Para que quede más claro, todos sabemos que 2 + 2 son 4, así que ahí no hay debate. Pues en este tipo de situaciones que os comento tampoco hay debate. Existe una situación, tú situación, donde necesitas ser escuchado y no valen medias tintas.

Aplicado a la maternidad

Apliquémoslo a la maternidad. Después del parto, algunas mujeres nos sumimos en una vorágine de cambios que nos sobrepasa y nos deja aturdidas (digo algunas, porque habrá a quien esto no le haya pasado, pero desgraciadamente pasa). Están por un lado las hormonas o lo que coño sea que nos deja el cerebro frito y para el arrastre y nos hace ser unas inútiles. No lo somos, pero lo parecemos y, lo peor de todo, nos sentimos inútiles. Y está el desbordamiento que supone el gran cambio que es convertirse en madre y tener un bebé bajo tu responsabilidad.

De repente tu rutina no es la que era y tardas en darte cuenta un tiempo muy valioso, de que ya no tendrás tiempo para dedicarte a ti misma durante unos meses. Cuando asumes esto la cosa cambia, pero hasta que lo haces vienen a tu mente un montón de pensamientos negativos que te lastran día a día: la culpabilidad por querer ser un poco egoísta y querer abstraerte, la inutilidad de no ser capaz ni de organizarte, la incapacidad de saber qué hacer en cada momento… no sé a vosotras, pero a mí me pasaba que si la niña se dormía una siesta de una hora, tenía tantas cosas que quería hacer que al final no llegaba a nada y eso, sólo eso, me hacía sentirme peor.

Yo tardé seis meses, un par de broncas y muchos disgustos en darme cuenta de las cosas.

Imaginad ahora que estáis en esa situación: acabáis de tener un bebé, estáis desbordados y necesitáis contarle a alguien lo que os pasa por la cabeza. Para eso no vale cualquiera, necesitáis a alguien de confianza, que os conozca. Imaginad que casualmente tenéis una amiga que ha estado embarazada a la vez, con la que habéis compartido confidencias, consejos, artículos para informaros, sueños, buenos deseos… entonces tenéis a vuestros bebés y se os viene el mundo encima. Quieres recurrir a ella para buscar consuelo igual que ella recurrió a ti cuando tuvo algún que otro problema y lo único que escucháis es: “Pues yo más, porque tengo gemelos”.

Coño, en esta vida siempre va a haber alguien que esté más jodido que tú. Quien sabe si detrás de esa madre de gemelos no habrá otra con trillizos que se cague en todo al escuchar las cosas que le pasan a esa madre por parecerle de risa comparado con lo que vive ella cada día. Porque si 1 + 1 no es 2 en maternidad, 1 + 1 + 1 no serán 3 y le puede soltar un ¡zasca! que le haga caerse de culo a la de los gemelos. A lo que voy es, precisamente tú que sabes por lo que estás pasando y has tenido que recurrir a una amistad en busca de ayuda, consejo o consuelo, no deberías corresponder a tu amiga con una queja. Es frustrante, es frustrante en maternidad y en cualquier otro asunto.

Conclusión

Las personas tendemos demasiado a quejarnos cuando alguien se nos queja. “Me duele la cabeza”, pues yo más porque me duele la cabeza y el dedo pequeño del pie. “Me he quedado sin trabajo”, pues yo más porque tengo a los dos hijos en paro. “Tengo el pelo fino”, lo mío es peor porque tengo mucho pelo. ¡Perdona pero no! Si tienes mucho pelo siempre tiene remedio, diferentes cortes de pelo, una maldita coleta, una trenza espigada y, sobre todo, tiene mil ventajas estéticas. Pero si tienes poco pelo o fino, no hay nada que hacer. Tienes una colega ridícula, una trenza absurda, hay peinados imposibles para ti, siempre estás pensando en “y si…” ¡Y no tiene solución! ¡Os odio gente con mucho pelo! Mirad, una vez una amiga me dijo “si el pelo se pudiera donar, te donaría parte del mío”, se me quedó grabado a fuego, es lo más bonito que me han dicho capilarmente hablando.

¡Eso es así y todos los sabemos! quizá porque todos hemos caído en ese error alguna vez, quizá porque lo hemos sufrido.

Yo tuve suerte en su día. Recurrí a mis mejores amistades en busca de consejo cuando me sucedieron algunas cosas y recibí buenas respuestas. También cuando requerí ser escuchada se me escuchó. Es cierto que siempre escuchas un “Yo más” en el parque, en la sala de espera del pediatra… a veces proviene de gente que conoces, otras son anécdotas sobre terceros, otras de quien ni siquiera conoces… eso da igual, esa gente y sus historias se pierden en el tiempo, pero las amistades no deberían perderse y menos al no saber gestionar las crisis de los amigos. Pero, ¿quién sabe? quizá esa amiga tampoco esté bien y esté pidiendo ayuda con sus quejas.

Sea como sea, pensadlo la próxima vez que alguien os venga suplicando ayuda entre líneas, sutilmente, y correspondedle con el silencio, con un abrazo con un “todo pasará”, porque si algo me ha quedado claro a mí desde que soy madre es que todo pasará, pero que hasta que pase, no viene mal tener un apoyo.

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8 Comments

Pipu 2 septiembre, 2016 at 9:17 am

Yo también creo que cuando alguien necesita ayuda no hay debate posible. Cuando esa persona deje de necesitar ayuda, cuando esté segura de sí misma y sobre su problema, ENTONCES a lo mejor le puedes plantear otras vías por si quiere tomarlas. Y responder con una queja y un “yo más” pues, efectivamente, no ayuda nada de nada. Que también tiene la otra parte derecho a quejarse, claro que sí, pero a lo mejor hay que respetar un poco la primera queja y valorar que no hay un medidor universal de problemas que nos diga con total exactitud “quién lo está pasando peor”. Es como el “por qué defiendes la causa X cuando Y (léase hay niños muriendo de hambre, no hay cura para el cáncer, etc.).
Sobre el pelo… Ja, ja, ja. Yo soy de las de mucho pelo y me quejo, ¡me quejo mucho! Tengo mucho pelo y muy grueso. Pero, sí, también soy objetiva y me quedo con lo que tengo. Mejor que pelo fino, lo siento… También te puedo dar parte del mío si lo quieres pero la combinación de color y grosor iba a ser rara 😛

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Principesa de Preslav 2 septiembre, 2016 at 9:52 am

Gracias por querer cederme tu pelo Pipu! Ahora se lleva mucho a dos tonos, lo de los dos grosores ya es otro tema, pero podría teñirme.
Y respecto al otro tema, ya sabes que estamos de acuerdo.

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Mamá Adanyl 2 septiembre, 2016 at 12:42 pm

A mi en alguna ocasión, mientras me quejaba por las rabietas de Superboy (o por lo que fuera) Algunas personas me decían “Pues no te quejes, porque yo estoy peor”. Y cuando me contaba su problema pensaba. Pues si, si que está jodida la cosa. Pero después, pensándolo detenidamente y estando una temporada sin quejarme. y pensando además en esas personas que pueden estar peor que yo, llegue a una conclusión. Si, es cierto. Existen personas en peor situación que yo. Pero es que si no me quejo reviento!! Además de que es mi derecho quejarme, porque necesito desahogarme. Si que es muy necesaria que vuelva la empatia, si. Entiendo que esa persona esté peor que yo,pero me gustaría que en lugar de pedirme que no me queje, me escuchara y dijera alguna palabra de consuelo. Un abrazo!

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Principesa de Preslav 2 septiembre, 2016 at 8:44 pm

Si pensáramos siempre en que ha alguien peor que nosotros no podríamos decir nada de nada. Joe si estamos agotados, nos duele algo, los crios enferman, no duermen o lo que sea, ¿por qué no vamos a quejarnos? Otra cosa sería ir a quejarnos de que nos duele un dedo a un manco… Sería la ostia.
Un beso bonita

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Mamadichosa 3 septiembre, 2016 at 3:44 pm

Jope… ójala hubiese leido este post los 5 meses de después de nacer mi niña… me hubiese ayudado mucho.

Tienes toda la razón. Muchas veces cuentas algo para desahogarte y que te escuchen. Después lo que recibes (que no sé si sera su manera de ayudar) es el tipico consejo que no quieres. La persona que está mal solo desea sentirse escuchada o regodearse en su desgracia en ese preciso instante. Yo siempre digo que hay que tocar fondo para luego resurgir. Eso es lo que me ha pasado a mi este año. Lo mio me ha costado entender muchas cosas, pero es el aprendizaje de ser madre. Gran post, lo comparto. Un besote

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Principesa de Preslav 3 septiembre, 2016 at 7:48 pm

Hola, precisamente lo de tocar fondo me pasó a mí. Y después de entender ciertas cosas, pues se mejora.
Es cierto que nos encanta regodearnos en la desgracia, pero es que quejarse es deporte nacional.
Un beso y espero que ahora todo vaya bien.

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Escondite de Mamá 21 octubre, 2016 at 5:08 pm

Uno de los beneficios de tener cuatro hijos es que no se te quejan tanto cuando les cuentas algo, más bien les das pena Pero tienes toda la razón, hay mucho sabelotodo y mucho quejica en el mundo.

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Principesa de Preslav 21 octubre, 2016 at 9:44 pm

Pocos podrán decirte a ti “yo más” si hablamos de hijos. Pero seguro que haberlos hailos.

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