Red de apoyo a familias no lactantes – mi lactancia

posted by Principesa de Preslav 18 septiembre, 2017 0 comments

No había escrito nada sobre lactancia desde hacía mucho tiempo. Últimamente ando colaborando con las demás mujeres con las que hemos puesto en marcha la iniciativa Red de Apoyo a Familias no Lactantes. La idea surgió de Mamá Pingu y enseguida nos juntamos unas cuantas mujeres más para ponerlo todo en marcha.

La red no es más que un lugar dónde las familias que hayan optado, por la razón que sea, por la lactancia artificial puedan expresarse, informarse y sentir el apoyo de otras familias que han pasado por lo mismo. Para saber más no tenéis más que entrar en la web: Red de Apoyo a Familias no Lactantes.

Quien quiera puede compartir su historia y eso es lo que he hecho yo hoy.

Desde “cómo me vendieron la lactancia y lo que me encontré” que no escribía del tema, pero ahora me he explayado tan ricamente y este es el resultado:

Cuando todo lo que puede salir mal, sale mal, así puedo resumir mi experiencia con la lactancia. Tengo un recuerdo bastante espantoso de los días posteriores al nacimiento de mi hija. En parte se deben al parto que tuve, que no pasará a mi lista de momentos favoritos, y por otro lado por la tanda de profesionales incompetentes  que me encontré.

¿Sabéis esas escenas de sexo en las películas, donde se ve claramente que los actores ni se están rozando, dónde ves a la mujer satisfecha con su orgasmo? De siempre, en el cine nos han inculcado que el sexo es siempre satisfactorio y a nada que tengamos un poco de experiencia o mala suerte, sabemos que no siempre es así. Pues con la lactancia y las premisas que se dan en las clases a la preparación al parto pasa exactamente lo mismo, nos lo venden como si todas las mujeres fuéramos iguales y todos los bebés fueran a reaccionar igual de alegres a una teta, pero… ¿qué pasa cuando todo eso no funciona?

Dos preparaciones, misma lactancia

Yo fui a dos tipos de clases de preparación al parto: las impartidas en la Seguridad Social y otras por las que pagaba dónde hacíamos gimnasia, trabajábamos el suelo pélvico y además, nos daban pautas para el parto y el postparto.

La primera gran mentira que nos cuentan en estas clases es el aspecto con el que se va a parir: nos pusieron un vídeo muy bonito de un feliz matrimonio heterosexual que iba sin prisa al hospital para que ella diera a luz. Una mujer joven, maquilladísima, bien peinada, súper elegante… debe ser que en los hospitales noruegos no te ponen esa bata de paciente en la que se te ve el culo o que sus mujeres, tal cual se muestran felices y llenas de energía dando pecho, no sienten las contracciones porque el frío las aletarga. Un pedo después nace su bebé, rosita y del tamaño de uno de 1 año, se encarama al pecho de su madre y como por arte de magia, se engancha a la teta. “Y así se inicia la lactancia materna” decía la matrona. ¡Guay, parece la ostia de fácil!

Vamos con la siguiente gran mentira, la que más me ha marcado a mí: La lactancia materna es la ostia. Ahora mismo se me ocurren diez cosas mucho más geniales y dado que estoy en la Red de Ayuda a Familias No Lactantes, sabréis que la lactancia materna no es una de ellas.

Si quieres saber cómo sigue mi libro, porque he escrito más que Paco Umbral… pincha aquí.

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