El 8 de marzo y las mujeres

posted by Principesa de Preslav 6 marzo, 2016 2 Comments

Es 8 de marzo y si el otro día hablaba de minimismos contra los hombres hoy toca hablar de las mujeres. Es una de estas cosas que siempre me he repetido, convencida de que son cierto: la forma de acreditar que no se ha terminado con algún tipo de discriminación o que aún se debe recordar un asunto, es que tenga un día internacional. Si tenemos un Día Internacional en contra de la explotación infantil, es que sigue habiéndola aunque los medios de comunicación sólo lo mencionen una vez al año.

En el caso del Día Internacional de la mujer, es obvio, a pesar de los avances que se han conseguido en muchas sociedades modernas, que mucho más por hacer para que la igualdad entre hombres y mujeres sea una realidad en todo el Mundo.

No quería hacer un post recordando cuáles han sido los avances y qué camino nos queda por recorrer sino hacer mención a algunos aspectos de nuestra vida cotidiana donde son las propias mujeres las que entorpecemos el avance a otras mujeres.

Cambios de iconografía absurda

Mira que hay cosas en la vida que hacen que a las mujeres nos rechinen los dientes: anuncios donde una mujer se abraza a su lavavajillas pidiéndole perdón, el anuncio de Westwing donde ella embala a su pareja para devolverlo por poco chic, esos anuncios dónde los niños responden que sus mamás son las mejores en todo en detrimento de papá (allí presente), que los cambiadores de los bebés estén presentados únicamente por una mujer y que, además, sólo los haya en los servicios de mujeres…

Y a alguien se le ocurre la brillante idea que uno de los primeros pasos a llevar a cabo en aras de conseguir la igualdad y terminar con la desigualdad, sea cambiar al muñeco de los semáforos para peatones. ¡Menos mal que por fin pretenden terminar con tal representación machista y retrógrada! y sobre todo, que lo quieran hacer representando a las mujeres con falda.

Personalmente creo que hay cientos de iconos a los que poner remedio antes de meterse con el muñeco del semáforo de peatones y, además, me parece que intentar corregir una presunta discriminación a la mujer poniendo un icono que representa a la mujer con falda, es caer en otro error. Si tantos problemas les da, a quienes hayan decidido poner fin al seductor hombre de verde y rojo, que lo cambien por discos que son totalmente asexuados.
Ahora, una cosa os digo, en mi pueblo el muñeco del semáforo no un tipo con sombrero, atlético y de traje; en mi pueblo es un muñeco regordete que camina y camina más rápido cuántos menos segundos queden para ponerse rojo de furia. ¡Les invito a intentar ponerle falda a esa animación!

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Si esto es lo que pretenden poner para representarnos, prefiero quedarme como estoy antes de que piensen que ese maromo con falda que parece sacado del ejército de William Wallace me representa mejor.
Por cierto, soy una mujer (aunque a veces no lo parezca) y llevo falda el 10% de los días del año.

¿Sabéis qué sería un avance? dejar de asociar el icono de una mujer a los cambiadores de bebés para centrarse en tener cambiadores en zonas comunes o en los servicios de hombres y mujeres por igual.

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Imagen de @BebesPeques

Los zapatos de tacón

En mi afán por informarme muy mucho antes de perpetrar los posts que escribo, me he dado cuenta de que el asunto de los zapatos de tacón es uno de los temas arrojadizos preferidos de las mujeres.

Antes que nada diré algo: en mis 34 (para 35) años de vida, JAMÁS EN LA VIDA me he puesto tacones.

El otro día me puse a ver la entrevista de Bertín Osborne (paradigma del macho ibérico español con mayúsculas) a Iker Casillas y al día siguiente observé como varias publicaciones criticaban a Osborne porque las únicas frases que le dedicó a Sara Carbonero eran machistas. Sin caerme bien el amigo Bertín, he de decir que nada de lo que le comentaba a Carbonero me pareció especialmente machista sino un cúmulo de tópicos que se lanzan siempre sobre una mujer embarazada.
Pero no era sobre esto sobre lo que os quería comentar, sino sobre el capítulo dedicado a Mariló Montero, o cómo yo la llamo, la mujer capaz de echar por tierra años de trabajo de otras mujeres por la igualdad de las mujeres. Dejando a un lado el tema del post, no puedo hablar de esta mujer sin decir que parece sexista, ignorante, machista, cotilla e incompetente.

Si queréis ver su intervención en el programa aquí tenéis el link. Yo me quedo con su imperiosa necesidad de llevar la entrevista hacia los asuntos más personales y dolorosos del presentador y su afán por reivindicar los tacones para que las mujeres luzcan sexys y seductoras. Y es que, al parecer, para esta y muchísimas otras mujeres de nuestro alrededor, el único objetivo de las mujeres es tener que lucir hermosas. Luego intentando arreglarlo diciendo que lo hagan por ellas mismas, pero no han debido a pararse a pensar que para muchas de nosotras no es ni prioritario.

El otro día leía esta barbaridad en Facebook:

¿Qué diferencia hay entre esto y unos tacones? El burka al menos parece más cómodo que muchas de las cosas a las que la sociedad occidental nos presiona a las mujeres

El comentario nace de un debate sobre permitir a las mujeres musulmanas llevar nicab en España. Es un debate que da para mucho, pero no tengo líneas para dedicarle ahora mismo. Sólo decir que me parece una auténtica barbaridad decir que un burka o un nicab es semejante al hecho de llevar tacones. Primero, porque en un 90% de los casos, me atrevería a decir que las mujeres que llevan nicab no han decidido voluntariamente hacerlo (sino en España, en sus países de origen) y segundo, porque el 100% de las mujeres que llevan tacones han decidido hacerlo libremente por mucho que se ponga de excusa la presión del patriarcado occidental. Si esa afirmación encima la dice una mujer que se hace llamar a sí misma feminista beligerante entonces cierro el chiringo y me piro al sur a vender sombreros de paja.

Estoy harta de escuchar a mujeres quejarse del daño que le hacen los tacones y seguir subiéndose a ellos, cada vez más alto, porque así se siente con piernas kilométricas y se ven más guapas. Nadie te obliga a hacerlo, Manolo Blahnik no ha contratado esbirros para asegurarse que las mujeres salimos de casa con los tacones puestos. No importa lo mucho que le gustaran los tacones a Carrie Bradsaw y su alter ego Sarah Jessica Parker, vosotras no tenéis que llevarlos si no queréis.

En los dolientes casos donde los tacones van dentro de la política de vestir de una empresa privada (como el traje con corbata para los hombres) debería haber una legislación civil en la que poder negarse a hacerlo y que no fuera motivo de despido. Hay cientos de zapatos de vestir que no atentan contra el equilibrio de las mujeres y lucen igual de elegantes, si es que ir elegante es importante para teclear código en tu cubículo de Accenture, Deloitte, Unisys o Coritel.
Quizá algún día escriba un post sobre la falsa imagen de seguridad y triunfalismo que proyecta un hombre con traje y corbata.

Ah, antes de cerrar este apartado, si tal liberal es la Reina Letizia de España, debería terminar con el maldito protocolo de estado que obliga a las mujeres a calzar tacones de 10 centímetros por que sí.

El cuerpo de las mujeres

Como os decía antes, me informo concienzudamente para no parecer una cretina cuando escribo mis posts y en eso estaba, viendo Spain got talent (lo siento, sí, lo siento) cuando apareceron dos mujeres haciendo una breve representación de un show que realizan en el teatro. Podéis verlo aquí y sino, os hago un resumen: dos mujeres cantan una oda al michelín mientras se desnudan para dejar ver al público que sus cuerpos no cumplen los cánones de belleza de pasarela Madrid Fashion Week (esto último cosecha propia)

Lo que en un primer momento se convertía en una reivindicación más que digna por dejar de caer en el error de criticar los cuerpos reales, pasó a ser una alegato populista en boca del jurado del programa donde, para que nos hagamos una idea, puede que Eva Hache sea la que menos juega con su físico para trabajar. Y es que ¿qué sentido que alguien como Jesús Vázquez suelte un discurso en pos de los cuerpos con chicha? ¿habéis visto a ese hombre? ¿y qué sentido tiene que Edurne se una a él? Decidme, ¿habéis visto alguna vez a Edurne con la defensa baja en cuanto a su estilismo? porque ella se empeñó en recordarnos a todos que también lleva moño alto y va en chándal, pero me atrevería a decir que es de esas que hacen footing maquillada. No hay de malo en ello, pero de esa mesa de 4, diría que Edurne es un producto por y par el entretenimiento donde parte de su trabajo se traduce en estar siempre perfecta. No interesa el aspecto que tiene la Edurne mujer fuera de la televisión o los escenarios.

Si después se une al salseo un Jorge Javier Vázquez que se empeña en negar que asume que tiene cuerpo de botijo y que ni una liposucción ni toda la cirugía del mundo le va a hacerse parecer a Jesús Vázquez; entonces el circo está montado. Por lo menos este hombre tuvo la sensatez de decir que está muy bien aplaudir este tipo de actos, pero que después ninguno predica con el ejemplo.

Inma Cuesta y el photoshop

Si una mujer como Inma Cuesta, cuya belleza es natural y tiene un cuerpo sano y bonito; tiene que someterse a retoques de photoshop para lucir más bella todavía, se lanza el mensaje repetitivo y dañino, de que las mujeres que no “somos Inma Cuesta” no tenemos nada que hacer. ¿Qué necesidad hay de transformar a las famosas en especímenes extremadamente bellos, extremadamente fibrados, delagos y con cutis perfecto? La respuesta lógica sería que todo parte de una acción de marketing global que lleva años instaurada. Que todos queramos parecernos a ellos, que hagamos lo posible por conseguirlo, que adquiramos todos los productos necesarios para triunfar y ser aceptados por los demás.

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El otro Michelle Jenner visitaba el hormiguero para divertirse y terminaba diciendo que mientras que Hugo Silva necesitaba un par de minutos para estar listo para una sesión de fotos, ella debía someterse a tres horas de maquillaje, peluquería y vestuario para estar “decente”.
Supongo que no todo se resume a pedir a estar mujeres, que demuestran tener mucha cabeza y no son sólo una cara bonita, que se alcen contra la imperiosa necesidad de que salgan más perfectas de lo que ya son en una sesión de fotos.

El otro día leía que Kate Winslet tiene por contrato no ser retocada digitalmente en ninguna de las campañas de belleza que hace.

El caso de Lena Durham

la semana pasada nos despertábamos con la airada queja de Lena Durham contra el semanal de El País pidiendo a la publicación una disculpa por haber retocado su imagen para la portada. Ella defendía el trabajo del fotógrafo que le había hecho la sesión y alegaba que no tenía esos muslos. Todos sabemos que Lena Duham es una fiel defensora de los derechos de la mujer y que se muestra absolutamente en contra de la proyección de mujeres perfectas que se emite en los medios.

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El País respondía a Lena Durham asegurando que nunca retocan las imágenes que publican en al semanal y que su caso no había sido una excepción. La imagen había sido adquirida tal que así a la agencia que le había realizado la sesión de fotos. En un alarde poco común entre las personas famosas que meten la pata, Lena Durham se disculpó de la misma manera que había protestado y el tema quedó zanjado con cordialidad.

Las políticas de izquierdas

El otro día escuchaba un comentario en televisión sobre “¿Por qué las políticas de izquierdas tienen que ser feas?”

Era una reflexión sobre las nuevas mujeres en la política que estaban adquiriendo peso y de las que destacaba que Andrea Levy o Irene Rivera (PP y C’s) eran mujeres guapas mientras que las de izquierdas no eran tan agraciadas.

A cuenta de esto y otros comentarios más, Anna Gabriel de la CUP hacía una tueda de prensa para censurar algunas formas de expresión e insultos que estaban sufriendo. Podéis verlo aquí.

A ver, ¿en serio nos vamos a poner a criticar si Ada Colau o Anna Ganriel o la portavoz de Bildu en el Congreso son follables o no? ¿Me pueden explicar si Arias Cañete, Mariano Rajoy o Andoni Ortuzar tienen algún atractivo que me esté perdiendo?

Supongo que todos estaremos de acuerdo en que Brad Pitt es un hombre atractivo, pero que Pedro Piquetas no lo es. ¿Y? El trabajo de Pedro Pirqueras es hablarnos de catástrofes en el telediario y para eso no hay que se atractivo aunque no encontraréis ninguna mujer de aspecto semejante a Piqueras dando las noticias.

¿Por qué se viste a las presentadoras de telediario como si fueran eumbuchadas en esos vestidos ajustados? ¿Es necesario? Ellos de traje y ellas embuchadas con tacones. Recuerdo que Lorenzo Milá daba las noticias en La2 con camisa y jersey y no por eso mentía o tenía menos credibilidad.

Va a resultar ahora que no sólo tienes que luchar por defender tus ideas en un partido de izquierdas sino que encima tienes que ser agraciado físicamente como Pedro Sánchez o Alberto Garzón. ¡Es el colmo de la estupidez llevado a la política! Donde no hay nada que me parezca más terrible que un político gordo, con su santa barriga, se nos ponga a dar lecciones de austeridad. Esos kilos no vienen de apretarse el cinturón, oiga, más bien de tenerlo suelto.

Seamos más serios que lo mismo he escuchado sobre activistas LGTB o feministas donde parece que el uniforme es el pelo corto y camisa de cuadros y eso no nos deja escuchar su mensaje.

Mi humilde conclusión

Decidme que no habéis torcido el gesto cuando os habéis encontrado a una mujer sin depilar en la playa. Decidme que no habéis criticado a una mujer con sobrepeso que viste mayas ajustadas. En el fondo todos estamos sujetos a unos cánones. Nosotras tenemos asumido que “lo normal” es depilarse y ya sabéis lo que opino de la normalidad. Se puede defender que las mujeres tengamos el cuerpo que queramos. No es necesario recurrir a esas campañas que abundan tanto en Internet donde se defiende hasta la saciedad las tallas extra grandes y que rozan la obesidad. No hace falta caer en los extremos.

Yo quiero poder ir a una reconocida tienda de ropa como Zara y poder probarme unos pantalones donde quepa mi culo de talla 42 y a día de hoy no puedo hacerlo a lo ser que luche con todas mis fuerzas para ceder dicho pantalón y dejarlo, al menos, inservible al no ser una 42 real. Deberíamos centrarnos en por qué suceden cosas como esa, simples a priori, pero que sin duda remarca la necesidad de estar delgadas.
Yo he ido al gimnasio durante años para mantenerme en forma y verme bien. Nunca he logrado bajar de la talla 40 porque mi cuerpo está sano en esa o por encima. Por debajo pasaría hambre, seguro. Yo me he molestado en buscar ropa de vestir para una boda, sin caer en las exigencias típicas que caen las mujeres cuando piensan que deben ir arrebatadoras e incómodas para estar guapas. No habré gustado a la mayoría, pero me bastaba con gustarme a mí misma y no haber tenido que gastarme un dineral ni subirme a unos tacones para conseguirlo.
Si voy a la peluquería es para verme guapa yo. Si de rebote consigo alguna alabanza de mi abuelo (autor de frases memorables como “creía que estabas más gorda” o “no te queda mal el pelo de lesbiana”), perfecto.

Olvidadlo, ya estoy divagando y probablemente se me queden en el tintero un millón de reflexiones que me habría gustado dejar aquí, pero que se me han ido escapando de la cabeza a medida que escribía el post.

Lo importante es que hoy es el Día Internacional de la Mujer y que puede dentro de muchos años este día salga de los calendarios internacionales. Ese día no hará falta recordar a las mujeres, porque habremos logrado la igualdad, aunque habrá que recordar muchas cosas que nos quedan por conseguir.

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2 Comments

Enrique 8 marzo, 2016 at 12:14 pm

Estoy más o menos de acuerdo con casi todo lo que cuentas en la entrada y con el fondo del asunto. No coincido al 100%, sin embargo, en la parte de los tacones, jejeje.

Es cierto que en última instancia es cada una (o cada uno, quién sabe) la responsable de decidir si se pone tacones o no. Y está claro que lo decide libremente de pie junto al zapatero de su casa sin nadie presionándola directamente. Pero también es cierto que algún tipo de presión social —o como queramos llamarla— debe de existir cuando tantas mujeres deciden sufrirlos a pesar de odiarlos.

Es un poco a lo que te refieres más adelante con «las exigencias típicas en que caen las mujeres cuando piensan que deben ir arrebatadoras e incómodas para estar guapas». Exacto: exigencias de los demás, a veces más auto-impuestas, a veces más directamente impuestas por terceros, pero exigencias al fin y al cabo de cómo se supone que debe «decorarse» una mujer.

Llevándolo a un extremo más amplio, ¿por qué dirías tú que son mayoritariamente las mujeres las que se maquillan? ¿Por qué hay tanta diferencia entre los metros cuadrados de tiendas dedicadas a la ropa femenina y los pocos dedicados a la moda masculina? ¿Por qué se asume que a las mujeres les tiene que gustar ir de compras, ese plan «de chicas»?

Me parece un tema muy complejo. No sé si algún tipo de instinto profundo y jodido de apareamiento hace que las mujeres sientan que deben ponerse «bonitas» (como si no lo fueran sin adornarse) para encontrar una pareja, pero yo creo que el componente mayoritario que las lleva a ese tipo de comportamientos es más bien social, de educación, de cosas aprendidas y aprehendidas poco a poco y sin darse cuenta.

Cómo me enrollo, jajaja, pero es que me parece un tema muy complicado XD

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Principesa de Preslav 8 marzo, 2016 at 2:02 pm

Mira, escribiendo semejante tocho que escribí me iba dando cuenta de muchas cosas.
Efectivamente pienso como tú, que hay una presión, una tradición incluso, una necesidad, un no sé qué…
De hecho, en África se adornan, de maquillan a su manera, se ponen bonitas y no lo hacen con unos tacones. Quizá lo hagan por ellas mismas por la coquetería inherente a la mujer, quizá por sus maridos.
Como decía, está claro que es un tema capitalista que incita a consumir y consumir, a sentirse guapa para los demás.
Sin embargo… Sin embargo, me sigue chirriando que esas mujeres que se quejan de incomodidad, sigan prefiriendo sacrificar la comodidad al qué dirán.
Tiene huevos que este sea un tema complejo verdad?
Un besote!

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