El momento del parto: el Post parto

posted by Principesa de Preslav 29 junio, 2015 12 Comments

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Ha llegado el momento de dar un final a la trepidante historia que nos ha tenido en vilo durante estas semanas. Es el momento del parto: el post parto.[/vc_column_text][vc_row_inner][vc_column_inner width=”1/2″][vc_single_image image=”990″ img_size=”full” alignment=”center” onclick=”custom_link” img_link_target=”_blank” link=”https://principesa-de-preslav.com/el-momento-del-parto-preparto/”][/vc_column_inner][vc_column_inner width=”1/2″][vc_single_image image=”1013″ img_size=”full” alignment=”center” onclick=”custom_link” img_link_target=”_blank” link=”https://principesa-de-preslav.com/el-momento-del-parto-el-parto/”][/vc_column_inner][/vc_row_inner][vc_row_inner][vc_column_inner][vc_column_text]Podéis pinchar en las imágenes para ver las anteriores entregas de este fascinante relato.

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El momento del parto: el Post parto

A mí el post parto me desconcertó tanto como una película de David Lynch (director al que no soporto y por ende sus películas me parecen una tortura). Así que sí, sin duda, cuando me llevaron a la planta después de haber dado a luz y me dejaron en aquella habitación, con mi bebé dormidito y mi Consorte; pensé: “¿y qué coño pasa ahora?”

Nadie te prepara para el post parto. Aquel vídeo que te pusieron en las clases de preparación al parto donde salía una bella mujer maquilla yendo a parir y que después empujar una vez tiene un bebe hermoso de 6 meses en brazos y le dan el alta de inmediato; te lo digo yo: es mentira. Eso sólo debe pasar en Noruega, que saben que van a tener la ostia de meses de baja por maternidad.

El cambio es tan impredicible, inesperado y exageramente potente, que te quedas como las vacas mirando al tren: esperando. Esperando que todo siga como antes aunque sabes que acabas de entrar en una fase de tu vida en la que no volverás a estar descansado hasta que tu hijo se vaya de casa a los cuarenta.

el poast parto by david lynch

Así es el postparto visto por David Lynch

El cuerpo escombro

Seguramente las que hayáis dado a luz sabréis perfectamente a lo que me refiero, pero como aquí entra gente de todo tipo (un montón de gente, si me permitís decirlo), voy a explicar de qué se trata.

A mí me habían hablado del suelo pélvico, algo de lo que no había oído hablar en mi vida hasta que me quedé embarazada. Así las cosas, me pasé 9 meses de embarazo escuchando que era muy importante cuidarlo y fortalecerlo ¡Bien! el señor Kegel era nuestro amigo, hacíamos sus ejercicios y muchos otros, para prepararnos para el parto.

Lo que nadie me explicó es que no importa todos los ejercicios de Kegel (que ya llega un momento en el que no tienes claro si estás apretando el culo o el Kegel, no sé si me entendéis) hagas ANTES del parto, porque DESPUÉS del parto, se te queda tal cuerpo escombro, que no sabes ni cómo se sujetan los órganos en el interior. Ya era complicado ponerse en pie sin miedo a que se cayera todo lo que sujetaba el suelo pélvico, pero cuando estornudaba… ¡Madre de Dios!

El cuerpo escombro es cuando pones un pie en el suelo por primera vez después de que se te pase la anestesia y todo el peso cae sobre tus maltrechas piernas y un suelo pélvico que te has matado a endurecer y que parece papel de fumar. El cuerpo escombro es cuando aprietas el Kegel y sabes que no aprietas nada. El cuerpo escombro es que se te doblen las piernas, que no tengas equilibrio y donde antes había una barriga de 9 meses, ahora hay un globo aerostático descinchado, pero sin recoger.

Megabragas y megacompresas

Ay, esas famosas redes elásticas, o las de usar y tirar de papel. ¿A que son fantásticas? Bueno, tómatelo como otra forma más de conexión con tu bebé, porque los dos estáis ahí tumbados sobre vuestro propio horror.

¡A ver, por favor! Si ya de por sí el cuerpo escombro te impide sentirte minimamente bien contigo misma, ¿cómo pretenden que recuperemos un poco de autoestima colocándote esas megabragas de rejilla? ¿Por qué, con todas las gilipolleces que te dicen a lo largo de la preparación al parto, nadie te comenta que vas a estar soltando por el Kegel un montón de porquería durante 30 días?

El médico vino a verme la escabechina que acontecía entre mis piernas y me dijo “Está todo bien”. ¿Qué está todo bien? ¿Ha visto usted ese compresón que hay entre mis piernas? ¿Ha visto acaso las megabragas de rejilla donde la piel parece embuchada? ¡Qué va a estar todo bien!

Tiempo después me reía recordando a Meredith Bland y una frase emblemática de uno de sus artículos (ver artículo completo)

A cuenta de este tema, tal cual me subió la leche, me subió la necesidad de arramplar con todo lo que había a nuestra disposición en la habitación: pañales, pijamas XXL (que me pregunto cómo puede ser que piensen que los bebés al nacer van a necesitar pijamas de 12 meses. Vale que los habrá más peques y más grandes, pero coño, de 12 meses no habrá ninguno), toallitas, compresones, esponjas de jabón… tenía la maleta con mis cosas a rebosar y visita que venía, visita a la que le endiñaba un paquete de compresones, “que me han dicho que la hemorragia puede durar semanas” les decía apuradísima.

Adiós a la intimidad

El concepto de intimidad ya había cambiado a lo largo del embarazo, cuando la gente te preguntaba si ya habías expulsado el tapón mucoso, si ibas bien al baño, si seguías acostándote con tu pareja.
Por supuesto, durante el parto, la ausencia de intimidad tomó grado de Def Con Dos: ginecóloga adjunta, ginecólogas residentes, matrona adjunta, matrona residente, enfermeras, auxiliares, Batman, pedriatras, el celador, Consorte… ¡cómo para pensar encima en tener algo de intimidad!

Pero después del parto todo se vuelve patas arriba y la intimidad brilla por su ausencia. Recodad que llevaba un camisón terriblemente feo que había ido a comprar con mi Reina Madre y que nos esmeramos en que tuviera botones en la pechera para poder sacarme la teta cuando fuera necesario (a demanda sí, enfermera estúpida), unas zapatillas de invierno en una habitación donde lo menos había treinta grados, una coleta deshilachada, la cara hinchada como un globo, unas megabragas de rejilla con bonus de compresón súper absorbente y seguramente, alguna cosa más de la que no me acuerde, pero que seguro tampoco me favorecía en absoluto.
Pues con todo este percal me puse a recibir las visitas del hospital (las visitas del hospital, ese controvertido tema que da para un serial de once temporadas).

post-parto
Primeras imágenes 24 horas después de haber dado a luz

Puede parecer optimista pensar que después de que unas treinta personas te hayan visto hasta lo más recóndito de tu fuero interno inferior (el Kegel por fuera y por dentro) creas que tienes derecho a que esa parte de tu cuerpo sólo vaya a verla quien tu quieres. Puede que algún día lo consigas, pero no será durante la estancia en el hospital y mucho menos, durante el horario de visitas (donde tienes que estar alerta constamente para no enseñarle el culo al suegro)

¿Qué me decís de ese momento incómodo en el que el bebé se reactiva porque tiene hambre y tu debes cogerlo para alimentarlo? no importa que coincida con una visita (que nunca consistirá de una persona sino de un grupo de no menos de cuatro), ellos esperarán impacientes en el frontal de la cama mientras hacen “uyyyyy” y “aissss” al verte recoger al bebé y no muestran ningún tipo de pudor (porque ya hemos dicho que se ha perdido junto con la intimidad) al sacarte una teta y enchufarla al bebé. Ellos quieren ir más allá, ellos quieren tener entradas de palco y acercarse lo máximo posible y, si se puede, tocar. ¡No me toque señora!

No es que piense que no se pueda dar pecho delante de la gente, es que en esos primeros momentos sólo quieres intimidad y con gente a menos de diez centímetros es imposible. ¡Piel con piel! que eso sí se empeñaron en repetirnos hasta la saciedad.

Y ya el culmen de la pérdida de la intimidad es descubrir que, al igual que durante el parto, mientras se pasa el efecto de la epidural y no puedes levantarte de la cama, hay otra cosa que no puedes conseguir por mucho que intentes apretar el Kegel: que se te escape un pedo. ¡Sí, lo siento, pero hay ciertas cosas que todo el mundo debe saber! ¡ES IMPOSIBLE! ¡ES ANGUSTIOSO! Eres plenamente consciente de que se está gestando el gas, de que avanza y tu aúnas las pocas fuerzas que te quedan porque en ese momento estás hablando con algún familiar político. Y fracasas. Piensas que llegados a ese punto, sólo queda mejorar.

La familia Monster

Nosotros siempre pensamos que lo mejor era ir a la sanidad pública y quisimos anteponer nuestra comodidad en una habitación privada con sofá cama para el Consorte, vistas a la ría de Bilbao y a San Mamés, baño competo, cambiador para el bebé; al bienestar de nuestro bebé y a tener un parto más respetado. Seguramente, si nos hubieran dicho que el servicio de urgencias iba a estar mermado, que la planta de maternidad estaría completa, que me darían más puntos que los que te pide línea directa para que Matías Prats siga insistiendo y que compartiríamos habitación con los padres más cretinos de Bizkaia (un saludo desde aquí por si algún día llega a vuestros ojos este post) habríamos corrido en taxi a la clínica sin pensárnoslo dos veces.

Al principio pensábamos que era cosa del postparto, que estábamos alterados porque estábamos cansados. Pero a la segunda vez que los ronquidos de la señora del al lado nos impedían hablar entre nosotros y su bebé seguía llorando porque no lo escuchaban, lo único que queríamos era salir corriendo de allí (Ay si hubiera podido correr)

Para que os hagáis una idea: su bebé estuvo llorando toda la noche hasta que caía rendido y no se levantaron a calmarlo ni una sola vez porque ambos estaban como ceporros. A la mañana siguiente, cuando la pediatra pasó a reconocerlo tenía el pañal tan lleno de caca, que se le había desbordado al pobre.
Pero este es un post con humor, así que no voy a contaros que después de eso ingresaron al niño en la UCI de neonatos por la bilirrubina alta y que subían cada tres horas a alimentarlo, y al bajar encendían la luz de arriba ya fueran las 10, la 1 o las 4 de la madrugada. Tampoco que movían la silla más incómoda del universo para dejarla caer a peso plomo junto a la cuna de nuestro bebé (separada de ellos por una cortina fina e infranqueable) sin importarles si se despertaba o no. Y que, cuando se despertaba, se quejaban del ruido que hacía su llanto.
Resumiendo: unos gandules de aúpa que pensaban que estaban en un hotel con todos los servicios incluidos (ella se había llevado hasta las planchas de pelo)

La memoria volátil

Yo antes de tener a mi bebé era una persona ordenada y con memoria multiplexada que no requería de ninguna ayuda electrónica para memorizar números de móvil, reuniones, fechas de entrega, PINs, PUKs, fechas de cumpleaños… al parecer, junto con la intimidad, perdí la noción del tiempo y mi cerebro se convirtió en una lista FIFO (que en informática es un first in first out, o lo que viene siendo aplicado a la maternidad memorizar una cosa que queda totalmente olvidada al memorizar una nueva)

Era tan dramático, que me levantaba del sofá para ir a por algo y cuando llegaba a la cocina se me había olvidado ese algo. Era el protagonista de Memento, sólo que llevaba posits en los bolsillos que rellenaba según se me ocurrían cosas. Nos os digo más: teníamos que apuntar en una libreta cuándo había comido la Infanta para asegurarnos de que tuviera las 7/8 tomas diarias y no pasaran 3 horas entre cada una de ellas. ¡Nunca me he sentido tan inútil en ese sentido!

Casi me parecía tan vergonzoso como haber adquirido complejo de péndulo de coger en brazos al bebé y mantenerlo cuando esperaba mi turno en la farmacia sin bebé. La gente me miraba raro.

La conclusión

Me surgían un montón de dudas:

  1. ¿Cuándo podría volver a estornudar?
  2. ¿Cuál era el límite de crecimiento de mi ombligo? ¿Era infinito como el universo?
  3. ¿Cuándo desaparece la línea alba? (jaja qué gracia hace cuando estás embarazada, pero qué poca cuando se ha desinflado el globo)
  4. ¿Volvería a acordarme de…?
  5. ¿Podría volver a dormir 4 horas seguidas?

Pues no voy a recurrir a los tópicos. Simplemente decir que 9 meses de embarazo, 10 horas de parto, 2 días de hospital, 72 horas sin dormir; 1 día después, 1 semana después, 1 meses después… hemos sobrevivido y tenemos un bebé precioso que empezó a dormir toda la noche con mes y medio y darnos tregua para aprender a disfrutar del cambio que supone tener un bebé y para el que las clases de preparto no valen absolutamente para nada.

De lo demás, ya no me acuerdo.

Ccdv8[/vc_column_text][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][/vc_row]

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12 Comments

Mamá Adanyl 29 junio, 2015 at 9:47 am

Te leo, y es como si leyera el relato de mi parto!! jajajaja Estoy contigo en que las clases preparto no sirven de nada!! Una perdida de tiempo el haber ido.. Yo estuve tres días en el hospital y dos con una pareja que, el padre aparecía un par de horas por la mañana y ella se pasaba sola el resto del día.. Y por la noche el pobre bebé sin parar de llorar.. Menos mal que a mi pequeño eso no le importaba y seguía durmiendo.. Y menos mal que cuando el mio lloraba ella no se quejaba por que estaba yo “pa” morder a alguien! jaja Ejercicios de Keg…que?? Yo tenia un suelo pelvico de la Hostia, y ahora es un cuerpo escombro como tu dices… jajaja aunque seguimos intentando mejorarlo… Feliz semana! Besos.

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Principesa de Preslav 29 junio, 2015 at 12:02 pm

Yo creo que el 80% de las mujeres hemos pasado por lo mismo en el hospital y con los estragos del post-parto en nuestro cuerpo. Luego están las que han tenido suerte y han parido como un pedo y las que ven la maternidad como hago super genial en todos los aspectos y les parecerá que tanto sufrimiento se puede aguantar porque es nuestro deber o porque lo hacen encantadas.
Sea como sea… ¡Cuerpo escombro en verano!

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Mamá Adanyl 29 junio, 2015 at 7:41 pm

Muy cierto.. No creo que la maternidad sea algo maravilloso en todos los aspectos.. Tiene sus momentos de desesperación como todo. Las que dicen que les parece todo genial me recuerdan a las Madres de U.S.A. esas que en la calle todo es genial y perfecto, y dentro de casa estan locas perdidas de desesperación.. jaja Por cierto, perdón por las faltas de ortografía, que me acabo de dar cuenta.. Y madre mía! XD Este calor me esta derritiendo el cerebro.. 🙁 Un beso.

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Principesa de Preslav 29 junio, 2015 at 9:19 pm

Acabo de escribir zanahoria mal con rotulador permanente en la pared, así que como para decirte nada estoy 🙁

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Tang de Naranja 29 junio, 2015 at 10:07 am

“David Lynch (director al que no soporto y por ende sus películas me parecen una tortura)”

Ahí he dejado de leer. No te mereces mi tiempo ni nada… Bueno, en verdad es que he ido a poner el aire, ahora sigo.

Pero eso no te lo perdono.

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Principesa de Preslav 29 junio, 2015 at 12:00 pm

Últimamente te decepciono más que otra cosa. Lo siento pero por David Lynch no paso, ni por David ni por Lars Von Trier (que está chiflado).
Sé que lo superarás y sino, ponte el GIF del cerdo feliz, que te anima el lunes seguro.

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Tang de Naranja 29 junio, 2015 at 12:28 pm

Una vez leído e intentado olvidar el comentario de Lynch (el Von Trier me la repanfinfla, con perdón) la verdad es que se le quitan a uno las ganas de ser padre, si no fuera porque ya lo soy y hemos pasado por una historia completamente diferente.

Primero, porque “no confiamos” en la Seguridad Social, nos fuimos a la Cruz Roja y, entre otras cosas, tuvimos la habitación para nosotros solos, claro.

El parto: a mi mujer casi se le escapa la niña. Llegamos de madrugada, y al ponerle la epidural se le paró el parto, pero ya por la mañana cuando fueron a mirar tuvimos que salir corriendo porque se le salía. Tuvieron que pedirle que no hiciera ni un movimiento porque no podían sacar a la niña sin el ginecólogo, que no tardo ni 1 minuto, claro, y una vez listo, un empujoncito y para fuera.

Y me dejaron ayudar a vestirla.

Que tampoco te voy a decir que mi mujer después del parto se pusiera los tacones y nos fueramos de copas (a parte de que no bebemos), pero viendo los horrores que estoy viendo, estuvo bastante bien. Aunque claro, tiene un marido estupendo y maravilloso que se encargó de la niña siempre que no fuera cosa de darle teta.

Lo de las visitas, eso sí, se pasa igual ya vayas por un lado u otro, yo incluso dejé MUY CLARO que el día que saliéramos del hospital no quería a nadie allí. Quería salir, montarme en el coche y llegar a mi casa a solas. Bueno, acompañado de mi mujer y mi hija, claro. Quería tener al menos ese momento para nosotros solos.

Creo que ahí empecé a forjar la leyenda del yerno desagradable.

En fin, que ni mucho menos es una experiencia de vídeo nórdico, pero la verdad es que la nuestra fue bastante buena.

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Principesa de Preslav 29 junio, 2015 at 12:34 pm

No sé como habría sido por privado. Seguramente a la menor complicación (que en nuestro caso era que la niña no se encajaba para salir) me habrían hecho cesárea y también me habría parecido mal.
Nosotros nos dimos cuenta de que no tuvimos ni un día sólo para nosotros tres hasta que pasaron un par de semanas y encima hubo quien se molestó por pedir esa intimidad.
Dejo cómo pasamos la nochevieja (con 5 días de niña) para los extras del post porque fue la ostia de terrible jaja (este año solo queda mejorar)
Me río mucho con como escribes… te perdono que te guste David Lynch 😛

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El parto - Edición Paterna - Tang de naranja 28 octubre, 2015 at 1:00 pm

[…] que iríamos por lo privado, entre otras muchas cosas por el asunto de la habitación individual, y leyendo algunas cosas, me alegro mucho de haberlo hecho […]

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5 cosas de las clases de preparación al parto 21 diciembre, 2015 at 3:27 pm

[…] ¿Y la primera regla? a mí me vino como 5 meses después del parto y ¡OJO CUIDADO! que lo que os comento en el anterior párrafo se queda en anécdota. Casi que necesitas echar mano de las Tena Lady para no tener un accidente en los pantalones. […]

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El momento de aceptar la maternidad - Principesa de Preslav 4 enero, 2016 at 7:50 pm

[…] posterior a haber dado a luz. Por supuesto, ya me habréis leído sobre el parto en cuestión y el post parto también. También he escrito sobre la norma con la que algunos creen que se debe llevar a cabo la […]

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El parto - Edición Paterna | Tang De Naranja 10 noviembre, 2016 at 4:43 pm

[…] que iríamos por lo privado, entre otras muchas cosas por el asunto de la habitación individual, y leyendo algunas cosas, me alegro mucho de haberlo hecho […]

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